Vuelvo con septiembre, me llevo la mano al pecho y siento latir mi corazón, a compás, parece ligeramente gastado, pero sigue vivo y dispuesto, con ganas y muy capaz de seguir compartiendo algunas proezas, ciertos detalles, arte y belleza que encuentro al paso en el lugar más insospechado de esta perra vida. A menudo leyendo entre líneas y sin metas relevantes, guardando cierto orden, en cada nota acotando un estallido de impresiones que reposen libres en ese instante preciso para nacer aquí, cerca de tus manos, de tus ojos, invadiendo tu tiempo, respetando tu espacio, fundiendo distancias entre nosotros.
Reinicio el camino sobre palabras candentes y fuegos fatuos en ocasiones en doloroso proceso, con la presencia de aromas, colores, formas que caprichosamente irrumpen en mi vida para revolver mi espíritu y tal vez también el tuyo y conformar ideas que van salpicando de emoción los días en las horas tibias, a veces sorprendiendo a cuchilladas, sin avisar, o flotando de manera etérea especialmente en otoño, a veces como agua brotando caudalosa o leve y siempre, siempre por placer.
De pronto sin aviso nos sorprende esa tormenta que anuncia cambios sobre las pieles, revolviendo en los quehaceres y por qué no, llamándonos a revoluciones breves, incitándonos a tomar decisiones importantes que seguramente no serán las definitivas. Alguna vez nos asalta la llegada de una riada de risas y pasiones que indican que algo se nos remueve y nos encabrita, y nos conmueve a veces la pena y la solidaridad hasta el infinito.También sin remedio nos afea la mierda que pisamos y la que andaremos y sentimos ese desasosiego trágico por el final y el dolor que probablemente no avisan, traicioneramente irrumpiendo cuando menos se les espera, y por el contrario nos colma la felicidad con la llegada de una vida nueva, con el tesoro de la infancia y la fuerza de la juventud que un día sin querer vemos perdida irremediablemente.
Sea como fuere y por fortuna aquí seguimos hoy provisionalmente pintando la vida del color variable de casi todos los cielos con mis torpes argumentos y quizá algunas perlas.
Nota: Texto y fotos propias de London Victoria Station y Docklands en Londres.







Un concierto en el Teatre Grec siempre tiene ese aire placentero envuelto por un intenso calor veraniego barcelonés, marcado por el sudor humedeciendo las pieles y los abanicos al viento coloreando las gradas, con un tiempo previo de jardines floridos y copita que refresca gargantas mientras ya esperan las primeras notas, disfrutar en su marco relajado de un concierto de viejas coplas no hace más que dar alas a la evocación personal de las más hermosas noches, el reencuentro con un momento feliz.
A continuación desfiló su popurrí de Coplas del querer para dar paso al episodio más flamenco del concierto con Juan Gómez "Chicuelo" brillante en unas magníficas bulerías dando buena muestra de su especial "toque Chicuelo", le siguieron unas alegrías que cantó Miguel Poveda llevando todos los vientos y el arte de Cádiz hasta Montjuïc. El público pidió Alfileres de colores y los dejó clavados a fuego sobre la vieja cantera, como se clavaron una vez más con toda su fuerza flamenca Mis tres puñales. 



Joan Manuel Serrat - Hijo de la luz y de la sombra. Barcelona (Teatre Grec, 5 de julio de 2010).



