Cádiz, volver a Cádiz me llena siempre el alma de luz....
Hace más de un año ya que le había dedicado a Cádiz uno de mis textos poéticos: Ciudades de mar.
Imagino que ese anunciado y desconocido resplandor celestial que a uno le deslumbra en el tránsito final hacia el más allá debe tener un matiz de luminosidad similar al que se disfruta un día cualquiera en Cádiz-luz, esa ciudad isla a la que deseo volver siempre para empaparme de su sal, a la que me unen tantas vivencias y amigos, a la que me une tanta luz.
Y siguen sumándose días de experiencias gratificantes como ese nuevo día único del verano de 2009 que paseé deambulando por sus calles de la mano amiga y atenta de Luis García Gil y de Carmen Paúl, dejándome llevar por su buen criterio de vividos gaditanos -gaditas ambos por derecho- y por los encantos de esa ciudad que siempre sorprende al visitante.
Llegar a Cádiz por mar, por su bahía, embarcado en el popular vaporcito desde El Puerto de Santa María añade un plus de encanto a la llegada, la ciudad parece más isla y más marina surcando ese mar pequeño para llegar a su puerto, ganando una a una a todas las olas, sin pausa, lentamente, y poco a poco por fin Cádiz se acerca hasta tocarnos y como visitante me adentro en la ciudad observado siempre por las torres vigías desde sus más altos miradores.

En mi ir y venir por las calles de Cádiz, anduve de la dársena del puerto por el barrio del Mentidero hasta La Caleta, del Castillo de Santa Catalina (foto siguiente) -hoy espacio para el arte- al barrio de La Viña, del Parque Genovés (fotos de la cascada y de la fuente de los niños bajo el paraguas) o de la Plaza de las Flores al barrio del Pópulo, con visitas puntuales al Antiguo Hospital de Mujeres y a la Catedral, a la nueva y a la antigua, calles de ocre y blanco, gaditanas, y plazas, la de la Candelaria, la de San Antonio, la de San Francisco, la de la Mina (foto de fachada con galería acristalada), la de España, la de la Catedral, la de San Juan de Dios...




El Antiguo Hospital de Mujeres de Nuestra Señora del Carmen y actual sede del obispado, es una de las obras arquitectónicas de más relieve dentro del barroco gaditano, edificio finalizado en 1749 y dispuesto en torno a dos patios blancos que entre otros detalles cuenta con una escalera imperial única, así como con un Vía Crucis en azulejos dispuestos alrededor del patio. La fachada principal que da a la Calle del Hospital de Mujeres sigue el esquema típico de la arquitectura civil de Cádiz, con piso bajo, entresuelo (con originales ventanas cruciformes), principal y cuarta planta para la servidumbre. Destaca y merece una visita la capilla del hospital junto a la entrada, con una riquísima decoración y la presencia excepcional de la obra de El Greco: "La visión de San Francisco". Este encantador lugar es uno de esos secretos que aguarda al visitante en Cádiz.


Otra visita de interés es la Catedral de Cádiz, la Catedral de Santa Cruz sobre el mar o sobre las aguas, la catedral nueva que se construyó entre los siglos XVIII y XIX, barroca, rococó y neoclásica, con sus formas cóncavas y convexas que caracterizan su fachada, sus dos torres campanario y sus cupulitas de colores que la definen inconfundiblemente con sus dorados azulejos al sol. Y en la Catedral descenso a la cripta de gaditanos ilustres y contemplación de sus tesoros, como ese Ecce-Homo de 1684, escultura barroca en madera obra de La Roldana (Luisa Ignacia Roldán), una sorprendente escultora del siglo XVII, o la inmensa Custodia de plata de Corpus Christi, obra de Enrique de Arfe. Y en la Catedral ascenso hasta las alturas de la torre campanario de Poniente. En otras ocasiones había observado Cádiz desde la céntrica Torre de Tavira, una mirada imprescindible sobre la ciudad y su horizonte, me quedaba pendiente una imagen de Cádiz que no había tenido todavía el placer de disfrutar, la que se divisa desde ese mirador excepcional de la Catedral Nueva, miradas que comparto en el próximo artículo con diversas instantáneas tomadas desde la Torre de Poniente de la catedral gaditana.
Junto al Museo Catedralicio ubicado en la restaurada Casa de la Contaduría, otra visita complementaria a la de la Catedral Nueva es la vecina Iglesia de Santa Cruz o Catedral Vieja de Cádiz, manierista y barroca del siglo XVIII sobre antiguas construcciones que hablan de la milenaria historia de la ciudad a lo largo de los siglos, con un interior bellísimo, capillas ricamente decoradas que guardan algunos de los pasos religiosos de la tradicional Semana Santa.
Lo bueno de disfrutar Cádiz de a poquito -cuando se tiene hambre grande de sus aires húmedos y cálidos- es saber que al volverla a ver seguirá habiendo más Cádiz por descubrir. Sé con certeza, si mi tiempo lo permite, que volveré a Cádiz para seguir amándola. Cádiz, ciudad luz.
