Y empezaremos dando cuenta de un tema relacionado con Barcelona, un tema que tiene que ver con la esencia de esta ciudad que llevo tan dentro y como no todo van a ser desde estas líneas alabanzas sin desmayo, empezaremos con un poco de crítica.

La Barcelona de los mil encantos se ha convertido desde hace unos años en una especie de parque temático turístico, podríamos decir que murió de éxito. Aquella ciudad portuaria, aquella Barcelona canalla que se vivía en los 70, en los 80 y que podría llegar hasta el año de los Juegos Olímpicos (1992) desapareció para siempre en parte y positivamente debido a la modernización del país en las últimas décadas, pero sobre todo en los últimos años el causante del cambio profundo en la ciudad ha sido el exitoso fenómeno turístico.

Sin duda el éxito turístico ha dado prestigio, vida e ingresos a la ciudad pero al mismo tiempo ha acabado pervirtiendo lo que antes era auténtico y hoy es casi una caricatura de lo que fue, sólo hace falta darse un paseo por las Ramblas, su paseo más popular para entender este argumento de cerca. Riadas de turistas ocupan el espacio público sin control ávidos de establecimientos turísticos creados para los gustos de los nuevos clientes, desaparecido ya casi por completo el comercio tradicional, consecuencia también de esa globalización que hace que finalmente todas las ciudades occidentales acaben pareciéndose en algunos aspectos. Especialmente preocupante es el ambiente nocturno que se vive en el área turística con una degradación desmedida.

En la actualidad hay que buscar las horas primeras del día para dar un paseo relajado como antaño por el centro de la ciudad sin las mareas humanas que ocupan cada rincón del núcleo histórico, quizá escriba movido por la añoranza de tiempos en los que pasear por el Ciutat Vella era una actividad relajada y placentera.

Pero en este bebedizo del parque temático turístico barcelonés de los últimos años podemos encontrar aspectos positivos de evolución gracias también a esta nueva situación surgida del turismo, descubrí hace poco en uno de mis paseos sin rumbo por la ciudad la gran revitalización que ha tenido lugar en gran parte del Barri Gòtic, que ya empezó hace unos años en el Barri de la Ribera y que se va extendiendo por el centro histórico de la ciudad, edificios rehabilitados y restaurantes con mucho encanto que serán del agrado del visitante, hoteles por todas partes, la consecuencia de esta moda turística es que esos cambios se hacen a fuerza de ir vaciando esos barrios de sus habitantes naturales, movidos por los altos precios de la vivienda y por las incomodidades que representa vivir en un continuo parque temático.

Hay que asumir que Barcelona ya es otra, ha cambiado y no hay quien la pare, aunque esperemos que todo tenga un límite y que finalmente no se convierta por completo en otro Port Aventura II, el turismo y el civismo deben ir de la mano, en su medida el primero y manteniéndose o mejorándose el segundo, gran asignatura pendiente de Barcelona.