No había vuelto a París desde hacía más de una década y en este mes de junio llegó el reencuentro con la que para mi es la ciudad entre las ciudades.
Siempre la había visitado en el mes de agosto cuando la ciudad está vacía de parisinos y repleta de turistas y calores, pero en esta ocasión la ciudad estaba llena de vida, con el buen tiempo los de casa y los visitantes que no dejaban de ser una marabunta como siempre en París, buscaban las calles, los deliciosos parques de la ciudad, las orillas del Sena como ágora perfecta para el encuentro con los amigos.

En el atardecer los parisinos encontraban su lugar en los muelles o incluso sobre los puentes del río para reunirse y cenar al aire libre, una ciudad tomada por los campestres manteles de sus ciudadanos disfrutando del ocio rodeados de amigos en una tarde de verano en tan encantador escenario.

En la visita mos encontramos con la ciudad histórica sobre el Sena, la de sus grandes bulevares, Saint Germain des Prés con sus cafés, su barrio de Montmartre, el turístico y también el que es menos popular pero lleno de encanto, el ambiente del Barrio Latino con sus cientos de restaurantes o las delicias del Marais y Beaubourg, la ciudad moderna de La Defense...París no se acaba en una visita, uno acaba siempre descubriendo nuevos lugares en cada encuentro.

Caminando al azar encuentras al paso rincones deliciosos como esa pequeña y peatonal calle de Cler, entre Los Inválidos y el Campo de Marte, buen ejemplo del arte del buen vivir de los parisinos, una calle con tranquilos cafés, fruterías de bodegón, charcuterías, floristerías que en el mes de junio se muestran rebosantes en color y vida, los paseos por las calles de París son alegría para los sentidos.

París era una fiesta, lo dijo Ernest Hemingway y lo sigue siendo para cualquiera que tenga el placer de visitarla en nuestros días, aunque si escogéis la época de visita entre abril y junio la fiesta será inmensa, la ciudad en plenitud. Los parques y jardines de París son el lugar perfecto para el reposo después de cad etapa en nuestro camino, quizá después de haber visitado alguno de sus muchos museos o centros artísticos de interés.

Parafraseando a Serrat, aunque cambiando abril por París, diría que "especialmente en París se echa a la calle la vida. Cicatrizan las heridas y al corazón, como al sol, se le alegra la mirada y se abre paso entre las nubes. Al paisaje se le suben los colores a la cara. Y apetece ir donde cubre a nadar contra corriente. En París especialmente."

París os enamorará.