Me gusta echar la vista atrás y rastrear por la Barcelona que está en proceso de desaparición y entre esos retales se encuentra el mítico teatro El Molino, al menos tal como fue en su vida anterior y que conserva de momento su fachada en el Paral.lel, después de muchas dudas parece que se resuelve su futuro, lo explicaba el pasado 8 de julio en La Vanguardia el cronista de Barcelona Lluís Permanyer:

EL MOLINO VUELVE A ABRIR COMO CAFÉ CONCIERTO CON FLAMENCO Y CABARET

POR LLUÍS PERMANYER

El Molino comienza a girar. Y es que, luego de un larguísimo y complejo proceso, en el que no han faltado los despropósitos o los conflictos empresariales y de propiedad, se puede afirmar que se perfila con absoluta claridad el futuro inmediato del histórico escenario. Ocio Puro, la empresa propietaria, ha tomado la decisión firme de convertirlo en café concierto, para representar flamenco y cabaret; recuperará así su identidad original, aunque será adaptada a los nuevos tiempos y costumbres. La noticia, largo tiempo esperada, será al fin una realidad.
Se convertirá en un café concierto mixto, que se caracterizará por la versatilidad. A segunda hora de la tarde se ofrecerá la primera tanda de cena espectáculo, mientras que la segunda tendrá efecto entrada la noche. Las actuaciones se alternarán: un tablao flamenco de calidad y un cabaret moderno y cosmopolita, centrado en un artista polivalente de reconocido prestigio.
En suma, actuaciones atractivas y comprensibles para cualquier tipo de público autóctono o extranjero. Ello no quita que periódicamente y en galas individualizadas intervengan nombres vinculados a la historia del Molino, lo que constituirá una evocación sentimental de un pasado que no se desea olvidar. Otras ofertas vendrán dadas por las posibilidades derivadas del foyer, el bar, amén de una sugestiva y original terraza, prácticamente suspendida sobre un doble escenario que se podrá contemplar: el teatral y la plaza exterior.
El local, durante el día, podrá ser aprovechado para todo tipo de actos y celebraciones, gracias a una sala concebida para un amplio abanico de usos. En conjunto podrá albergar unas 225 personas.
He aquí, pues, el último capítulo, el definitivo, de un proyecto que Ocio Puro encargó en su origen al taller BOPBAA (integrado por los arquitectos Josep Bohigas, Francesc Pla e Iñaki Baquero). Desde el 2001 ha sufrido no pocos enfoques estructurales. Un espacio tan angosto no ha facilitado nunca la menor licencia y ha obligado a sacar partido de todas las posibilidades, a tenor del destino cambiante en cada etapa, sin olvidar las exigencias de seguridad. Así pues, al principio se estudió una volumetría que permitiera, además del escenario, añadir una escuela de danza y una residencia para estudiantes de teatro. Después se acarició la viabilidad de una colaboración con el Liceu, en la que la ineludible ampliación del escenario obligó a rehacer incontables proyectos. Algunos llegaron a prever el cambio y orientación de sala, e incluso una ampliación subterránea bajo la plaza o incorporar espacios de la finca vecina.
Todas las posibilidades razonables fueron exploradas, en un alarde de profesionalidad muy barcelonesa, tan avezada a sacar partido de la densidad. El enésimo proyecto es el que se presenta en forma de plan especial ante el Ayuntamiento.


UN POCO DE HISTORIA: DE LA PAJARERA A PETIT MOULIN ROUGE

En 1899 fue inaugurado en un simple barracón el café concierto La Pajarera Catalana. En 1905 fue rebautizado Gran Salón del Siglo XX, al acoger un novedoso cinematógrafo; Jordi Torras aseguraba que luego recibió el inquietante nombre de La Cigale. Fue en 1913 cuando el arquitecto Raspall hizo la remodelación modernista y pasó a llamarse Petit Moulin Rouge, que en 1939 fue obligatoriamente españolizado y se denominó El Molino.
Tanta historia a cuestas y popularidad no fue óbice para que en 1997 bajara definitivamente el telón. Se cifraba la deuda en unos 400.000 euros. Su último gestor había sido Roberto Serrano. En 1998 apareciron los rusos. Con aires de mecenas y aplomo dudoso, se quedaron con la explotación empresarial del café concierto y prometieron su reapertura. Y lo primero que hicieron, sin control municipal y bajo la inspiración de un decorador autóctono, fue destruir toda la decoración. Era lo que de verdad valía la pena, no en balde había sido proyectada al gusto modernista por el relevante arquitecto Manuel Raspall en 1913, pues el perfil del molino y las aspas que sngularizan la fachada fueron añadidos por el arquitecto Josep Alemany en 1929. La voz de alarma la dio Valerie Powles, vecina del Poble Sec y sensible hacia todo lo que tiene historia; descubrió que los obreros vaciaban el local y llenaban un contenedor. Ella salvó de allí valioso material documental. La empresa barcelonesa Ocio Puro SL comenzó en el 2000 unas complejas y difíciles gestiones, qu han culminado hace pocos meses en el propósito de convertirse en la propietaria total. Entre tanto, esta misma empresa, junto con la colaboración del Liceu, había intentado dar un nuevo destino a El Molino, que no fructificó.

Lluís Permanyer