Andaría por siempre picoteando de los frutos maduros del bosque que encontrara en mi camino, de entre todos prefiero los liláceos, los rojos intensos, delicias rojas, vivas.

Descubrir cada uno de los frutos secos que también aprecio, romper su cáscara para disfrutrar con delectación de los intensos sabores de esas semillas en colores ocres, verdes, amarillos.

De las diversas frutas jugosas y carnosas exprimir los jugos, degustando sus aromas, a veces dulces, a veces ácidos al paladar, todo sensaciones. Saborear cada uno de los manjares silvestres y jugos en colores vivos, servidos de forma natural sobre el cuenco de la cáscara seca de un coco, del que antes bebí su leche, del que comí su blanca carne, tan sensual.
Más tarde sentirme adormecer con el ansia satisfecha del recién comido, y descansar a la espera del siguiente, próximo deseo de esta boca golosa que siempre acaba pidiendo más.