Todavía recuerdo el momento en que anunciaron en mi televisor en blanco y negro el fallecimiento de Antonio Machín, yo tenía diez años y la noticia me dejó bien triste. Aunque pueda sonar antiguo me gustan los boleros de Machín, su música marcó una época de nuestro ayer y su legado está ahí para siempre, para quien lo quiera descubrir y disfrutar.
Las canciones y la imagen de Machín habían sido una referencia musical y sentimental de mi infancia, cuando sus boleros se escuchaban por la radio o en el cassette de casa, por ese motivo he querido traerlo aquí, por tantos boleros en el recuerdo. Supongo que por ese motivo también busqué un día su sepultura en el Cementerio de San Fernando de Sevilla hace unos años, quizá por estar por una vez cerca de Machín.
No había sido el autor de la mayoría de los boleros que cantó pero fue quien nos los trajo y nos los dejó para siempre pintados con el color de su voz tan especial: Toda una vida, Angelitos negros, Dos gardenias, Amar y vivir, El ciego, Isabel, El bardo, Un compromiso, Cuando me besas, Mira que eres linda, Madrecita, Somos, Bésamo mucho, Ya sé que tienes novio, Más daño me hizo tu amor, Yo te diré...en fin, podría recordar muchas piezas más, y supongo que tanto bolero al final deja su poso, será por eso que algo queda en mi de ese aire de bolero, después de haberle escuchado tanto...

Su historia: El cantante cubano Antonio Machín (1903-1977) hubiera cumplido cien años en 2003, en el 25º aniversario de su muerte y en vísperas de su centenario se le homenajeó con un proyecto en que se incluyó un documental, un libro biográfíco y un disco.
Antonio Machín nació en Sagua la Grande (Cuba) en 1903, aunque a partir de 1930 viviría en el extranjero, volvería a la isla en 1958.
En Cuba inició su carrera artística y llegó a ser el primer cantante de color en el Casino Nacional de La Habana, de 1930 a 1935 vivió en Nueva York donde grabó varios discos con el Cuarteto Machín y obtuvo gran éxito con su canción El manisero, actuando por todo el país, y llegando a ser contratado en París en 1934, donde descubre los encantos de Europa.
En 1935 se traslada a vivir a Europa, primero es contratado en Londres y más tarde vuelve a París donde permanecerá hasta que los nazis invaden la ciudad en 1939. Antes de empezar su nueva vida en España, país natal de su padre y en el que se quedará para siempre, llega incluso a hacer una gira por Suecia.
En España, Machín encuentra todo lo que buscaba, le gustan especialmente Madrid, Sevilla (donde encuentra el amor) y Barcelona, donde actúa por primera vez. Empieza prácticamente desde abajo y llega con a convertirse en testigo y banda sonora de las historias de amor de los españoles en unos tiempos difíciles, su popularidad fue creciendo hasta ser idolatrado como lo eran las grandes estrellas de la copla, sus canciones pasaron a ser parte de la memoria sentimental de varias generaciones a través de la radio, el único medio existente para dar a conocer la música del momento, uno de los pocos entretenimientos que habían en aquella época gris.

Paradójicamente, Machín fue muy bien acogido en una España monolítica y poco acostumbrada a la diversidad de razas, se convirtió en un mito marcando la moda con sus boleros, con su estilo tan personal de cantarlos y con su voz, fue llamado "su majestad el bolero", también se decía de él que cantaba con el corazón en los labios. Machín falleció en Madrid el 4 de agosto de 1977, y descansa en el Cementerio de San Fernando en Sevilla, donde sus compatriotas y familiares le recuerdan cada año rociando su tumba con ron cubano y cantando alguno de sus boleros.

Monumento a Machín en la Plaça Vicenç Martorell de Barcelona: "Marfil en el verso, en la prosa seda, en el alma oro".

Hay incluso un dicho popular que dice: "Te mueves más que las maracas de Machín", prueba de que su arte llegó a la esencia del pueblo llano. En Barcelona se le recuerda con un monolito en una plaza de Ciutat Vella, justo al lado de la Plaça de Bonsuccés, donde tenía pensado irse a vivir antes de su muerte.

Joan Manuel Serrat participó en el documental "Machín, toda una vida" (2001) dedicado a rememorar su historia y en su intervención ante la cámara que se grabó en la popular coctelería Boada´s, en la calle Tallers esquina con Rambles, Serrat comentaba: "La figura de Machín está ligada a la cultura sentimental de la radio, que suponía una pequeña ventana por donde penetraba la luz en unos tiempos muy sombríos. Con esa luz entraba la voz de Machín, la de Valderrama, la de Concha Piquer, Juanito Segarra, Jorge Sepúlveda, Bonet de San Pedro, Lorenzo González... Corrían tiempos de hambre, privaciones y miedo. Cuando yo tuve uso de razón, Machín ya estaba consolidado en la memoria sentimental de la gente. Nos conocimos en 1965, cuando actuábamos en la radio (y cobrando, que entonces se cobraba por actuar: la radio era un flotador mientras se esperaban tiempos mejores). Yo era entonces un artista emergente y él pasaba una época algo difícil. Aunque nunca dejó de trabajar, sufría un cierto declive de popularidad, ya que un nuevo tipo de música parecía arrasarlo todo. Lo llevaba con dignidad y logró remontar aquel período gracias a la moda camp, recuperando su aureola mítica".
Serrat admite haber "aprendido mucho de Machín y de la música que él hacía. Porque Machín era una esponja tremenda, en la cual cabía 'El manisero', 'Angelitos negros' y el repertorio de Oswaldo Farrés. También podía cantar guarachas con idéntica y pasmosa tranquilidad. Se lo sabía todo. Y alrededor de aquellas canciones, que eran historias, nacieron las vidas sentimentales de las gentes. Machín resultó fundamental".

Sepultura de Antonio Machín en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, retratada en mi visita en 2002