Mientras se nos va despidiendo de los escenarios la inolvidable Chavela Vargas, ya se va viendo claro quien pueda ser la nueva embajadora de la música mexicana en el mundo, descontando a artistas mexicanos en otros estilos, escuchado desde aquí parece que Lila Downs que en estos días anda de gira por varias ciudades de España es una muy digna aspirante a ese honorífico lugar que ocupó por tantos años Chavela y que seguirá ocupando en nuestro recuerdo, con una trayectoria ya muy notable en cuanto a reconocimientos y discografía Lila Downs es ya bien conocida en todo el mundo.

Lila Downs tiene en Barcelona un público fiel que la sigue concierto a concierto, que supo captar en cuanto la escuchó su fuerza en el escenario y su gran valía como artista. Su debut en la ciudad tuvo lugar en el Festival Grec de 1999, concretamente en concierto que tuvo lugar en la Plaça del Rei el 21 de julio de ese año, después ha vuelto a la ciudad para presentar sus nuevos trabajos y ha cantado también en el Fòrum, en la Sala Apolo y en el Teatre Grec dentro del Festival Grec de 2006.
Fue en el verano de 2004 durante los actos de celebración del Fòrum cuando tuve el gusto de ver por primera vez en directo a Lila Downs, yo no la conocía mucho y curiosamente mientras estaba esperando a que empezara el espectáculo una joven se acercó hasta donde yo estaba y me dijo que le guardara el asiento que había vacío justo al lado del que yo ocupaba y dejó una ramita de romero, se fue y no volvió a aparecer.

Después de media hora se inició el concierto al aire libre, a mi lado se sentó otra persona que no era la que había dejado esa ramita y cuando salió al escenario Lila Downs me di cuenta de que quien me había dicho que le guardara el sitio había sido ella misma, estuve riendo un buen rato, una anécdota simpática que fue el preludio de un magnífico concierto, toda una sorpresa que me hizo ir profundizando en su obra posteriormente.
Antes de ese concierto le había escuchado su colaboración para la banda sonora de la película "Frida" junto a Caetano Veloso, tema que cantaron juntos en la ceremonia de los Oscar de 2003.

Su biografía cuenta que es hija de una humilde cantante mixteca y de un pintor estadounidense de origen escocés, Lila Downs nació en Tlaxiaco, Estado de Oaxaca, pero creció en México y Minneapolis. Dividida siempre entre dos países, dos culturas y varios idiomas, y por esa razón siendo un poco de nadie, sin sentirse por completo integrada en una cultura en concreto debido a su origen mestizo, bien consciente del mundo multicultural que vivimos, sin optar por ninguno de los dos lados del Río Grande.
Lila tiene mucho que decir tanto en el terreno musical como en el de la sociología de la vida cotidiana. Su música combina folk con adornos jazzísticos, rancheras de sublime sofisticación, corridos norteños de humor salvaje, sones jorochos entreverados de hip-hop o boleros cubanos con cargas de profundidad. Mujer de fuerte compromiso político, ha grabado discos dedicados al desgarro de la emigración ('La Línea' y 'Una sangre') en los que canta en español, inglés, mixteco y zapoteco.
Para Lila Downs, "la ranchera es la poesía indígena" y "por encima de todo tiene el sentimiento profundo del canto".

"La cantina" es su quinto álbum de estudio y al hacer balance explica que el primero, "La sandunga" (1998), se hizo "en siete días y era una interpretación de huapangueras sin orden y cargadas de melancolías; "El árbol de la vida" (1999) fue "una búsqueda en la raíz indígena y del orgullo perdido prehispánico dentro de la etnia zapateca"; "La línea/Border" (2001), "una mezcla de culturas y un homenaje a los trabajadores que tienen que cruzar la frontera de Estados Unidos, a todos los emigrantes, en su familia muchos cruzaron la línea ilegalmente", y "Una sangre/One blood" (2004), "la unión de las razas y en homenaje a las mujeres trabajadoras que han parido el fruto de sus ideales".

Por "One blood" obtuvo el Grammy latino al mejor álbum de folk, algo que no se esperaba, pero que "supuso un reconocimiento internacional" a su trabajo, un proceso que se había iniciado por su colaboración en el filme que protagonizó Salma Hayek, "Frida", y recientemente en 2005 ha participado en la banda sonora de "Los tres entierros de Melquiades Estrada", de Tommy Lee Jones.

En estos días de noviembre ha realizado una nueva gira por diversos escenarios españoles, donde ha vuelto con el espíritu de la taberna: con esas rancheras que tienen que ver con las tripas y la desesperación: el día 14 de noviembre en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, para después actuar en Ceutí (Murcia) el 17, en Madrid cantó en el Cabaret Círculo, del Círculo de Bellas Artes, el día 18 con la participación de Carmen Paris y el 19 con la presencia especial de Martirio.
En la Sala Razzmatazz de Barcelona el día 23 teniendo como invitada a Marina Rossell y finalizando en San Sebastián el 24 de noviembre. Para su presente inmediato tiene planes cinematográficos: estudia trabajar en el próximo filme del mexicano Jorge Fons. Acaba de cantar en Shanghai y en diciembre lo hará en el Zócalo de Ciudad de México.

Para su último disco, La cantina (entre copa y copa), en el que participó el acordeón de Flaco Jiménez, la cantante y compositora grabó rancheras como Tu recuerdo y yo o La tequilera con acentos de rock e incluso rastros de tecno y hip-hop. Son las canciones de Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Pedro Infante o Lucha Reyes, que su madre le cantaba cuando ella era chiquita, y que quiso interpretar en versiones distintas. Esas canciones que uno canta en la cantina, cuando no encuentra consuelo en nada y se pide una botella de tequila para remediarlo."Lila, canta con alma, y si no, mejor ni cantes", le espetó un día su madre, y vaya si le hizo caso...

*Nota: Artículo en versión propia, texto enriquecido con algunos datos y fotografías publicados en varios medios como El País (artículo de Carlos Galilea) y otros.