Con la intención de ir siguiendo los proyectos, conciertos, entrevistas y otros detalles de la trayectoria de Miguel Poveda en 2007, abrimos este segundo artículo que ya habíamos iniciado con el dedicado a su trayectoria en 2006, año en el que su "Tierra de calma" fue uno de los discos flamencos más vendidos y con mejores críticas.

Y haremos este recorrido acompañándole mediante un hilo de comentarios que seguirán a este posteo, de esta manera iremos añadiendo las novedades a medida que se vayan produciendo por el camino, por su camino en 2007.

Para empezar os dejo un artículo publicado el pasado 5 de noviembre de 2006 en El Periódico de Catalunya en el que Miguel descubre su Sevilla más personal, con texto de Luis Miguel Marco y Fotos de Sergio Caro. (la foto que encabeza el artículo con Miguel junto al Guadalquivir y la siguiente en el callejón de la Judería)

CUANDO MIGUEL POVEDA SE ARRANCA POR SEVILLANAS

Texto de Luis Miguel Marco y fotos de Sergio Caro - El Periódico de Catalunya

Tierra de calma. Así ha parido el cantaor Miguel Poveda (Badalona, 1973), su último trabajo, mano a mano con el compositor onubense Juan Carlos Romero. Y esa tierra de calma, físicamente hablando, no es otra que Sevilla, donde se trasladó a vivir hace tres años y donde ha vuelto a triunfar, por derecho, en su Bienal de Flamenco.

El teatro Lope de Vega de la capital andaluza sirvió para alzar en volandas este trabajo en el que el bueno de Miguel vuelve a enraizarse y crecerse en los palos del flamenco: farruca, bulería, siguirilla, tanguillo...Tenía ganas el hombre de regresar a su terreno después de entregarse a otras dos pasiones: la copla y el tango. Aún resuenan en la memoria los poemas del exilio de Rafael Alberti, orquestados por Enric Palomar. Y ese loable esfuerzo por musicar a poetas en lengua catalana de Desglaç, que tendrá segunda parte.

"Más que sentar cátedra en el cante flamenco, lo que sí tengo claro es el cauce en el que quiero mojarme", asegura Miguel. Y su mirada navega hacia el Guadalquivir, con las luces de la calle Betis y del puente de Triana titilando en sus aguas mansas.

Diríase que el bandoneón le ha arrastrado hasta Buenos Aires y la guitarra, a Sevilla. "Ésa es una de las grandezas de este arte, que te permite viajar y conocer culturas diferentes y a gente muy creativa. Es lo más interesante de esta profesión", dice entre caladas.

-¿Quién o qué le lleva a trasladarse de Barcelona a Sevilla hace ahora tres años?

-La vida. Las circunstancias. El estrés. El agobio. No sabría decirte qué, pero sentí la necesidad de darle un giro a mi vida. Como el día en que te levantas y te dices que hay que hacer limpieza general. Ni me cansé ni salí huyendo. Barcelona es una ciudad maravillosa a la que regreso a menudo. Pero mi espíritu, si nos queremos poner un poco trascendentales, me pedía este ambiente más sureño, más tranquilo, más calmado. Otra luz.

Y EN MEDIO, EL RÍO

La sevillana que canta Miguel en este disco, Y en el medio el río, es la pieza que nos ilumina en el crepúsculo de Sevilla. Va por ustedes.

"Calle del agua, calle del aire/sonora Sevilla/resuena en sus calles/por la calle de la vida/voces en el aire/sones de campanas,/por el cielo van/los flamencos siguen soñando a Triana".

Le comento al cantaor que esta sevillana, con el piano de David Peña, suena antigua y contesta que ésa era la idea. "Queríamos que reflejara las dos sevillas, la más flamenca, la trianera. Y la más clásica, la que te traslada a siglos pasados. Por esos se llama Y en medio el río. Las dos primeras estrofas tienen un tratamiento de cante flamenco y las otras tienen más empaque, son más señoras, más de coche de caballos y de parque de María Luisa. Es como si de Triana nos fuéramos paseando al barrio de Santa Cruz, una imagen que me encanta". Por eso mismo le fotografiamos en el barrio de Santa Cruz, en el punto y hora en que las parejas de recién casados acuden a inmortalizar su amor firmado.

Al cantaor le gusta caminar de puntillas por la mullida alfombra de los tópicos. "Siempre se habla de los rincones de Sevilla y es verdad. A veces estás metido en una calle que te parece la más normal del mundo y, de repente, giras una esquina y te das de bruces con un espacio maravilloso: la plazuela empedrada, la imagen de una virgen, la ventana enrejada, el balcón con sus macetas cuajadas de geranios y claveles, una fachada encalada con los dinteles de las puertas y ventanas de color albero. Me refiero a esos rincones del barrio de Santa Cruz, que a alguna hora temprana o muy tardía, están tranquilos, esas callejas que en primavera huelen a azahar, a esas casas con esos patios de ensueño. Yo no digo eso de que, si me pierdo, que me busquen en el Parque de María Luisa, en los jardines de Murillo o en los Reales Alcázares, pero casi. Siempre me ha gustado la Sevilla que evoca la época de Juan Ramón Jiménez, de Luis Cernuda, esas Sevilla romántica. Me encanta el Arco de la Macarena, una antigua puerta de entrada a la ciudad amurallada. Me parece una maravilla".

-¿Le ponemos música de Quintero, León y Quiroga, la que evoca la canción La radio de mi madre, por ejemplo. Esa Limosna de amores que acaba con un homenaje a Ojos verdes, La bien pagá, María de la O?

-Sí, porque mi padre era de Mike Olfield, Boney M., Pink Floyd y Alan Parsons. Yo he sacado la vena coplera de ella.

-Ya le vimos cantando con Martirio, con un traje blanco impecable, "Como un indiano de punto en blanco", decía ella.

-Pues yo me veía como un camarero, pero cualquiera le rechista (Risas).

CAPILLITAS Y BANDERILLAS

"Brinda con la luz/calla en el silencio/un palio viene y va/y un Cristo casi muerto".

Si un traje no le va a Poveda es el de capillita, ya sabe: el primero en encender el cirio en Semana Santa y el primero en montar el Cristo en la feria. "Pero tampoco soy anticapillita. Aunque no es mi tradición, me encanta la Semana Santa sevillana y hay dos días en los que voy, porque me parece un espectáculo precioso. Yo tengo mis rezos propios, pero que no me busquen en una iglesia. El poeta José Manuel Caballero Bonald, que es gaditano, dice que él se identifica más con el andaluz austero que con el bullanguero. Pues yo soy un poco así. Tampoco piso la Feria de Abril, y no es por nada, porque yo respeto la feria y no soy quién para cargármela, encima viniendo de fuera. La gente se lo pasa en grande, pero no es el ambiente que a mí me gusta. A mí me va más tomarme el rebujito, pero con los míos. Disfruto de la ciudad de otra manera, mucho menos folclórica desde luego.

Y de toros, ¿qué cuenta? Canta en su disco una bulería, Alfileres de colores, que es una bella definición de las banderillas. "Parece La Maestranza/una academia de danza/o un cortijo de Jerez".

"Antes no opinaba de toros porque no había visto una corrida. Al final fui, en Málaga, porque a La Maestranza no he ido, y te digo que me da fatiga ver el sufrimiento del toro, así que pierdo la objetividad. Por otro lado también te digo que la plástica del toreo me encanta.

A estas alturas de la faena hay que decir que Miguel Poveda no vive en Sevilla capital. Está a unos kilómetros, en la comarca del Aljarafe, donde se vive a otro ritmo y donde, asegura, se come de fábula. Su vecino es el compositor de las letras de Tierra de calma, Juan Carlos Romero. "Eso de que las familias se reúnan los domingos a comer juntas me parece una maravilla, porque yo soy una persona bastante familiar", explica.

-Entonces mejor no le pregunto por ninguna discoteca de moda.

-No soy mucho de salir. Mis amigos de Sevilla me dicen que me ven ahora menos que antes. Viajo mucho, así que lo que me gusta es disfrutar de casa. Yo hago la compra, pongo la lavadora, cocino. Soy amo de casa.

-Si levantara la cabeza Manolo Caracol y viera cómo son los flamencos de ahora.

-Es que toda esa farándula de los flamencos saliendo, tomando y bebiendo hasta las tantas no va conmigo. Yo ya quemé muchas noches en Barcelona. Ya sé cómo las gasta la droga en según qué ambientes. Y se me pasó ese arroz. A mí me gustan las cosas sencillas. Me gusta eso de salir a la calle por la tarde, con la fresca, a tomarte una cervecita con los amigos y sentir como que el tiempo se detiene.

Se refiere Miguel, por ejemplo, a la plaza del Salvador, uno de los enclaves monumentales más bellos de Sevilla, con la parroquia del Divino Salvador haciendo gala del apelativo con que muchos la conocen: la segunda catedral de Sevilla.

Y vamos con la última estrofa de la sevillana: "Sevilla desvela poco a poco su misterio/sueña con la mar/se abanica con los lances de un torero/es el mes de abril/que asoma en cada esquina/del Guadalquivir/el río de Sevilla".

"Yo también sueño con el mar. Y lo echo en falta. Lo que más. Bueno, más que a mi madre no. A ver si me dan pronto un apartamento que me he comprado en El Rompido, en Huelva, pasado Punta Umbría y El Portil. Es un pueblecito de pescadores de los pocos que quedan. Por eso he ido allí de cabeza."

POR LA CALLE BETIS

"Me acuerdo que los primeros días que estaba yo en Sevilla iba mucho a la academia de un amigo mío, un bailaor que se llama Manuel Betanzos (en la calle Rodrigo de Triana, 30). Mi hermana bailaba allí y, cuando yo cruzaba el puente camino de Triana, era como una carga de energía increíble ver el Guadalquivir, la Torre del Oro, la Giralda y la plaza de toros de la Maestranza", explica Miguel, quien aconseja esta vista de la famosa calle Betis, una de las estampas más conocidas y socorridas de la ciudad.