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Barcelona pierde hoy un pedazo de su memoria viva, la ciudad de Barcelona despide hoy a un barcelonés que mereció como pocos y por méritos propios ser considerado ciudadano de Barcelona, la ciudad pierde a un observador de excepción de su historia cotidiana, la de sus conciudadanos, la pequeña historia de los barrios en su día a día, y en particular la historia del barrio del Poblenou, a un profesional comprometido con la sociedad y sus valores democráticos, con la libertad y el movimiento obrero. Como observador de la realidad cotidiana nos deja miles de artículos sobre Barcelona y sus barrios y varias decenas de libros que guardarán para siempre su memoria y la de la ciudad que tanto quería.
Huertas Claveria era decano del Colegio profesional de periodistas de Catalunya desde el verano de 2006 y recientemente había sido distinguido con el galardón Oficio de Periodista por su trayectoria periodística. En su trayectoria profesional había trabajado en diarios como El Correo Catalán, Tele/Expres, El Periódico de Catalunya, Diario de Barcelona o La Vanguardia.
También había trabajado en el gabinete de prensa de la Diputación de Barcelona, que en 2002 le distinguió con el Premio de la Comunicación por sus cuarenta años de profesión, y fue director de las revistas Oriflama y Quatre Cantons.
Durante su vida profesional, que había iniciado en el semanario Signo, escribió más de medio centenar de libros, entre ellos "Chicos de la gran ciudad", "El noi del sucre", "200 anys de premsa diária a Catalunya", "Tots els barris de Barcelona", "La construcció d'una ciutat", "Las tres vidas de Destino" y sus memorias tituladas "Cada taula, un Vietnam". Contaba asimismo con la Medalla de Honor de la Ciudad de Barcelona, que le fue concedida en el año 1988.
En esa madrugada del 4 de marzo Josep Maria Huertas Claveria (Barcelona, 1939-2007), escritor, periodista y cronista de la ciudad nos dejó un poco huérfanos a todos los barceloneses y a nuestra pequeña historia. Descanse en paz.
*Foto: Laura Guerrero (El Periódico de Catalunya)




Carles
9 mar 2007 | 04:34 PM
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA
I9/3/2007 TRIBUNA|ARTÍCULO // JORDI HEREU
JOSEP MARIA HUERTAS, UN HÉROE COTIDIANO
• El fallecido periodista, directo y comprometido, dio existencia y dignidad a la Barcelona popular
Por JORDI HEREU (ALCALDE DE BARCELONA)
Mis obligaciones como alcalde, que esta vez me han llevado hasta Nueva York de la mano de la gran exposición Barcelona & Modernity en el Metropolitan, me impidieron el lunes pasado estar en la parroquia de Santa Maria del Taulat honrando a Josep Maria Huertas. Por eso quiero sumarme ahora a toda la gente, periodistas, vecinos y amigos, que estos días lo recuerdan con emoción.
Comprendo que para mucha de esta gente, el Huertas --su apellido era prácticamente su apodo-- era un mito. Directo, comprometido, fue el hombre que dio existencia y dignidad a la Barcelona popular, supongo que por mandato de sus circunstancias, de ese Poblenou donde vivió toda su vida, al que amó y defendió, y porque sus primeras bregas periodísticas fueron bajo el franquismo. Los periodistas pusieron su esfuerzo en la lucha contra la dictadura, sembrando porciones de verdad en la espesa información mediatizada por el régimen. Y fue así como Huertas dibujó, junto con otros pioneros de la libertad, una visión crítica de la ciudad, barrio a barrio.
PARA MÍ, que en ese momento era su lector, Huertas fue el constructor de una ciudad completa, más allá de los límites de la ciudad confortable. Una Barcelona donde la gente luchaba por la dignidad, luchaba por lo mínimo, luchaba por un futuro que en principio tenía negado. Huertas hizo la crónica de todo lo que las crónicas no recogían. He oído decir alguna vez que esa ciudad que Huertas defendió hasta el último día no era ya la ciudad actual y moderna, como si esta visión humilde y a pie de calle estuviera caducada. Yo digo que no es así: que precisamente Barcelona funciona cuando la ciudad ajusta todas sus partes en un único proyecto, cuando los barrios son espacios de vida y no de frustraciones, y cuando la riqueza se reparte equitativamente. De estas cosas hablamos las últimas veces que nos vimos, porque Huertas creía en la ciudad para todos. Y yo también. Coincidir con quien me había enseñado a mirar Barcelona con otros ojos ha sido para mí un estímulo.
TUVE EL PLACER de presentar hace pocas semanas su último libro, Mites i gent de Barcelona, en un acto entrañable en la librería La Central, del Raval. Fue cálido e íntimo y casi un homenaje a su labor paciente de recopilador de historias. Se dice que Huertas lo sabía todo de Barcelona y es verdad, con ese punto de exageración que tienen siempre los cumplidos. Pero si uno se lee el libro con atención, se descubre otra vez la Barcelona popular, la Barcelona de la gente anónima y de las leyendas que van de boca en boca, de los sucesos y los dramas, también las pequeñas alegrías y las anécdotas, pero siempre con ese respeto profundo que Huertas sentía por las personas. Y creo que es por eso que quería preservarles la memoria. No solo con las palabras, sino también con las piedras.
Huertas fue un gran defensor del patrimonio arquitectónico de la ciudad, especialmente el vinculado a la historia obrera de Barcelona. Cuando yo era concejal del distrito de Sant Andreu --del que hizo un libro maravilloso dejando testimonio de la transformación democrática de cada barrio-- fuimos los dos a visitar la Fabra & Coats, la fábrica que alimentó a más de una generación de trabajadores del barrio, para empezar a pensar cómo este espacio podía ser útil a los vecinos de hoy.
Huertas no verá el proyecto culminado, porque todavía está en fase de elaboración y de discusión con los vecinos del barrio, pero de alguna manera su legado está plasmado en estas obras que son más colectivas, de todos, que municipales en el sentido estricto, porque no importa tanto quién las impulsa sino quién las hace vivir, quién las usa.
NO QUIERO con esto silenciar lo que Huertas tenía de crítico hacia los poderes públicos. Era, hablando en plata, un corcó. Tenía las cosas tan claras que señalaba con precisión lo que no le gustaba, y discrepaba tanto por escrito como de palabra. Solía tener razón, porque era un hombre justo. No siempre lo que reclamaba era factible, porque la ciudad es una estructura compleja, con ese cruce de intereses que es inevitable, pero Huertas, por si acaso, ponía con toda libertad el dedo en la llaga.
Fue una gran persona y, como los hombres y mujeres que tantas veces retrató, un auténtico héroe cotidiano, trabajador, noble y luchador. Descansa en paz, cronista y amigo de Barcelona. Tanto te debe la ciudad, que te recordaremos siempre.