Mi amigo el poeta gaditano Luis García Gil presenta dos obras en este mes de mayo, un ensayo sobre el cantautor argentino Atahualpa Yupanqui (Yupanqui, coplas del payador perseguido) y su antología poética La pared íntima.
Ya le habíamos dedicado en este rincón un artículo a su primer y magnífico ensayo dedicado a la obra de Joan Manuel Serrat, publicado primero en España y hace unos meses en Argentina, con el título Serrat, canción a canción. Varias ediciones de su ópera prima y muy buenas críticas le avalan, Luis es un gran conocedor de la canción de autor en general, como vuelve a demostrar con su segunda obra, que seguramente no será la última que dedica a ese mundo de la música.
Siempre es de mérito el intento de preservar la memoria de los creadores que con su obra pusieron en su día la semilla que más tarde otros recogieron, en este caso me refiero a la canción, Yupanqui fue un pionero y un referente para muchos cantautores posteriores.
Este nuevo ensayo de García Gil sobre Yupanqui que ahora publica la editorial Ramalama viene a llenar un vacío bibliográfico sobre el gran compositor argentino y cumple con la labor de recuperar del olvido su memoria, así como poner en su lugar el gran valor de su legado artístico, que posiblemente pervive en Argentina pero que en España ha ido perdiéndose con el paso del tiempo.
Si hiciéramos una encuesta entre la juventud veríamos que el conocimiento general sobre Yupanqui y su obra es prácticamente inexistente, y no se puede apreciar y valorar lo que no se conoce, García Gil publica esta obra para mitigar ese desconocimiento, con el ánimo de divulgar el inmenso legado cultural de Atahualpa Yupanqui.
La vida es mejor gracias a la música y también gracias a la poesía, Luis García Gil se define desde que se dedica a la literatura vocacionalmente como poeta, definición de gran valor en estos días en los que la vida va de prisa y prácticamente todo es de usar y tirar.
El poeta escribe buscando la belleza en este mundo de locos que vivimos y cuando su obra ve la luz pública y es editada ese mundo interior propio inicia una nueva aventura, de un ámbito íntimo su creación pasa a estar en el escaparate público, un proceso sin duda emocionante para el autor que ve reflejado finalmente sobre el papel impreso el resultado de su trabajo creativo, que adquiere en ese preciso instante una nueva dimensión ante su nuevo y desconocido público lector.
La hora de la verdad y de la emoción compartida ha llegado para los poemas de este joven gaditano que con sus nuevas obras sigue haciendo camino al andar.
García Gil pretende consus dos nuevas creacionesponer su granito de arena por un lado a que la memoria cultural siga viva y en ambos casos a que la vida sea más bella con sus palabras, con sus poemas. Enhorabuena, Luis.
Os dejo con los primeros ecos públicos sobre sus dos presentaciones editoriales. Encontraréis más información en su web personal.

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La Voz de Cádiz, 11 de mayo de 2007
Memoria de la frontera

Atahualpa Yupanqui, en Cádiz
Quiero creer que el ya casi centenario Atahualpa Yupanqui (1908-1992) estuvo en Cádiz. Ricardo Pachón tiene su voz impresionada en una vieja bobina durante su actuación en el Teatro Álvarez Quintero de Sevilla, de cuando su legendaria gira española de 1968. Quizá se dejara caer entonces por este pago, tal vez camino de Málaga, donde oyese a un joven limpiabotas tararear Los ejes de mi carreta y, al preguntarle don Ata donde había escuchado esa canción, «el chico alzó los ojos y respondió que su padre la cantaba en casa y que era una canción malagueña».

Lo cuenta Luis García Gil en el libro Yupanqui, coplas del payador perseguido, que acaba de editar RamaLama Music, con un estupendo CD en el que, a pesar del homenaje en vivo que le tributó durante su presentación Carmen Jara, uno puede echar de menos ese célebre título suyo y de Romildo Risso, sino también El Poeta y Las preguntitas sobre Dios o, paradójicamente, la que de título al volumen. Se trata, sin embargo, de una grabación soberbia, desde impecables instrumentales de su vieja guitarra -Malambo-, a cumbres creativas como El arriero, Camino del indio, Piedra y camino, La añera, A qué le llaman distancia, Tú que puedes, Vuélvete o Le tengo rabia al silencio, hasta un total de 20 obras maestras. Si Yupanqui no llegó a estar en Cádiz ya lo está, de la mano amena de este joven poeta que, por supuesto evoca las versiones respectivas de nuestros dos chanos sobre otras dos composiciones de aúpa, El arriero -en la voz de Lobato¯y Los ejes -en el piano de Domínguez--. García Gil, que presentó el miércoles La pared íntima, su primer libro de poemas, reincide en la pesquisa musical que va a proseguir con Jacques Brel pero que ya iniciara con Serrat, canción a canción.

Resulta curioso pero mucho antes de que Alberto Cortez y Jorge Cafrune nos lo trajeran al Falla o a las noches añejas del Cortijo de los Rosales, fue precisamente Joan Manuel Serrat quien rindió homenaje a Yupanqui durante un recital ofrecido a lunes 13 de abril de 1970 en el Teatro Andalucía, ya desaparecido. Lo he leído en la plaza virtual de Internet: «Tras un descanso, Serrat sin ningún acompañamiento orquestal empezó la segunda parte del recital. Ni siquiera le acompañaba Miralles. Solo con su guitarra interpretó la Milonga del solitario de don Atahualpa Yupanqui».

«En una de sus primeras giras por Argentina, Serrat dio una serie de recitales en el Teatro Ópera de la capital argentina. En uno de ellos, interpretó un fragmento de las Coplas del payador perseguido del gran Atahualpa Yupanqui, por el que Joan Manuel Serrat ha confesado su devoción repetidamente. Quizás la anécdota más comentada de su intervención fue el hecho de que cuando Serrat cantaba ese tema, un espectador le gritó: «¿Cantá lo tuyo, Juan Manuel!», a lo que él respondió: «Esto también es mío, señor».

De hecho, al día siguiente de la muerte de Don Atahualpa Yupanqui, ocurrida el 23 de Mayo de 1992, Joan Manuel Serrat tuvo un emocionado recuerdo para su amigo y maestro. En el curso de un recital, interpretó su Canción de los horneros, de letra y música de Don Ata. Las palabras elegidas por Serrat para homenajear a Atahulpa fueron las siguientes: «Ayer murió Yupanqui... Y yo me subo por vez primera a un escenario después de conocer la noticia de la muerte del maestro... Hoy la canción popular está llorando en todo el mundo por uno de sus mejores portavoces y para mí uno de los mejores maestros. Probablemente, como él decía, si como dicen algunos, hay un cielo pa'l buen caballo, por ahí anda mi flete, galopando, galopando...».

Por el espléndido libro de Luis García Gil podemos oírle galopar todavía: su infancia payadora, la mordaza del peronismo, su compromiso comunista, su París donde conociera a Edith Piaf y también, cómo no, sus claroscuros fieramente humanos, como el propio biógrafo apunta en su epílogo: «Yupanqui creó un estilo de tocar y cantar. Supo trasladar a los escenarios de todo el mundo el canto del campesino anónimo de la pampa. Esa fue una de sus mejores virtudes que nunca perdió la perspectiva del pueblo al que encarnaba y representaba. Por supuesto que no pueden obviarse contradicciones, salidas de tono, la agria respuesta de su carácter en determinados contextos. Pero por encima de cualquier lance o apunte más o menos maldiciente, está su poesía meditativa que no abandonó nunca la sencillez, la nitidez de lo que se expresa y dice a través de un verso detenido en la corriente diáfana del paisaje. El pájaro, el viento, el río, un niño que está dormido y al que le arrulla el canto de una nana, una piedra en el sendero, todo puede convertirse en materia poética a través de Yupanqui. La copla -siempre lo tuvo clarísimo- se constituye desde la emoción y no desde la complejidad o desde la metáfora». Quizá por ello, en este trabajo de investigación y divulgación, el joven poeta gaditano ha puesto tanta materia sensible como células grises.

Atahualpa yupanqui, en cádizLuis García Gil. Autor.
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Diario de Cádiz, 10 de mayo de 2007
Nuevos poemas y microrelatos para echarse al bolsillo

Por Mª ÁNGELES ROBLES
CÁDIZ. Vicente Vegazo, Antonio Anasagasti y Luis García Gil son los tres últimos autores que el Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Cádiz ha incorporado a la nómina de su colección Libros de Bolsillo, dirigida por el escritor Jesús Fernández Palacios, autores que, según el director de la colección, "se sientan a la mesa para compartir el pan" con los 30 escritores que ya han sido publicados.
La colección Libros de Bolsillo de la Diputación de Cádiz nació con una "vocación internacional", de hecho el primer número fue un libro de poemas de la escritora cubana Dulce María Loynaz, aunque, según José Luis Romero, jefe del Servicio de Publicaciones, pronto cambió de rumbo para centrarse en autores jóvenes, que, en su mayoría, publicaban por primera vez.
Con esta iniciativa, dice Romero, se cumple uno de los objetivos últimos del Servicio de Publicaciones de la Diputación: fomentar la lectura y por eso destaca la importancia que se celebren este tipo de actos en la Feria.
No obstante, Romero se queja de que la Feria del Libro de Cádiz no tenga "la acogida que tiene la de otras ciudades" y de que "el gaditano no acabe de volcarse en ella".
La colección suele sacar tres libros de media al año, en esta ocasión les ha tocado el turno a Arte menor, de Vicente Vegazo; La pared íntima, de Luis García Gil, y El fin del poder absoluto, de Antonio Anasagasti.
Arte menor es, en palabras del presentador del libro, el editor Juan Antonio Gallardo, un "libro sin artificio, ausente de épica" escrito por un hombre "capaz de ponerse en lugar del otro" y que el lector lee "con la media sonrisa que le provoca verse reflejado en el libro", pero también "parando para reflexionar".
Por su parte, Vegazo añadió que en su libro se plantea, fundamentalmente, "la relación entre la poesía y la vida" y la posibilidad de elegir "entre la existencia fuera y la existencia literaria".
Vegazo confesó que se ríe de la poesía y de sí mismo y realizó un alegato de la precisión y la concisión en la poesía, que, en su opinión debe ser "sincera, exacta y si hace falta hasta prosaica".
El escritor Rafael Ramírez Escoto leyó un hermoso texto para presentar La pared íntima, de Luis García Gil, un libro con el que García Gil entra "en la hermandad secreta de la poesía" y que significa "la muerte del silencio de años para renacer en voz alta entregando al mundo su luz interior".
Ramírez Escoto señaló que en este libro subyacen dos de las pasiones de su autor, las canciones y el cine, con poemas que tienen "la cadencia propia "de lo que se susurra o se canta" y definió a García Gil como un poeta "personal" que escribe "como modo de resistencia ante los embates de la vida".
García Gil tuvo palabras de recuerdo para su padre, el desaparecido poeta José Manuel García Gómez, y explicó que el título de su libro lo ha tomado del que hubiera sido el último libro de su padre y que no llegó a escribir.
"El microrelato es una línea de puntos que el lector tiene que rellenar". Así definió el narrador Rafael Marín los brevísimos relatos que forman parte de El fin del poder absoluto, útimo libro de Antonio Anasagasti, un libro de "vivencias y reflexiones personales" escrito en primera persona.
No obstante, Marín puso sobre aviso al lector porque, según dijo, "no se sabe cuando el autor se está confesando y cuando nos está engañando".
Anasagasti señaló que el microrelato es un género a caballo entre el relato y la poesía que "debe tener un final sorpresivo" y que tiene compartir con la poesía "la concentración, la concisión y, sobre todo, la capacidad de comunicación y sugerencia".
Anasagasti indicó que el título hace referencia al cambio sociológico sufrido en España en los últimos 30 años, sobre todo en lo relacionado "con la figura del pater familia" y la incorporación de la mujer al mundo laboral.
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