Cuando hace unos años uno visitaba Amsterdam y otras ciudades del norte de Europa, uno de los detalles que más sorprendían al visitante meridional era el intenso movimiento de bicicletas circulando por las calles, los ciudadanos utilizaban y utilizan este vehículo de dos ruedas como medio habitual de transporte en sus desplazamientos urbanos y también en distancias cortas entre pequeñas ciudades.
La falta de costumbre hacía que se convirtiera para el visitante inexperto en un pequeño inconveniente a la hora del paseo distraido, por la incertidumbre de su presencia inesperada en cualquier instante, cuando de pronto saltaba la sorpresa y recibía la bronca del cívico ciclista que iba por su camino y que era asaltado por el típico turista tan típicamente ensimismado por el nuevo paisaje urbano.
Finalmente y al cabo de los años esa costumbre lejana ya está en nuestras calles, en las de Barcelona, ya es nuestra con todo lo que ello supone, la bicicleta se ha apoderado de las calles de Barcelona como un elemento cotidiano más para bien de la vida de ciudad, y especialmente en los dos últimos meses cuando han empezado a proliferar los aparcamientos del servicio público de bicicletas de la ciudad, que por lo que parece seguirá creciendo próximamente y de manera muy rápida según los planes municipales anunciados.
Esperemos que nuestros nuevos ciclistas, usuarios novatos en el tema, alcancen con rapidez la pericia y el civismo de aquellos otros que les precedieron en tantas ciudades mucho más cívicas que la nuestra y los peatones a su vez sigan su pacífico camino por las calles, en perfecta comunión con los nuevos usos ciudadanos de las vías públicas y de las aceras, que en las calles todos caben. Con respeto por el prójimo y mucho civismo el tema estaría en principio resuelto, tras algún inevitable conato de atropello, la convivencia en armonía es tarea de todos.
Yo voy a ir practicando este nuevo bicing que se está poniendo tan de moda en la ciudad, una nueva forma de vivir Barcelona, ahora en bicicleta.
La foto que adjunto la hice en los primeros días de mayo en la nueva estación de bicis públicas en la Plaça de Catalunya.
Ver todos los detalles del sistema y los puntos de bicing en la página web oficial de WWW.BICING.COM.
El Periódico de Catalunya, 18 Mayo 2007
ACEPTACIÓN DE UNA NUEVA FORMA DE DESPLAZARSE POR LA CIUDAD
El éxito del Bicing obliga a acelerar su implantación completa en Barcelona
• El sistema, con 22.000 abonados, ve desbordada la previsión de alcanzar los 15.000 a final de año
• El alud de usuarios y el uso intensivo ya acarrean problemas de abastecimiento y mantenimiento
Por EDWIN WINKELS
BARCELONA
Ya hay quienes dicen que antes Barcelona era una ciudad de blanco y negro y que ahora se ve en blanco y rojo. Son los colores de la bicicleta pública que en apenas dos meses de existencia ha arrasado con todos los pronósticos. El Bicing superaba ayer los 22.000 abonados, cuando las previsiones apuntaban a captar a entre 10.000 y 15.000 usuarios antes de acabar el año. Todos ellos han comprado un abono que permite desplazarse por la ciudad a un precio irrisorio y haciendo un ejercicio saludable. Cada día hay casi 700 personas que adquieren un abono anual que, hasta el 1 de julio, cuesta seis euros.
Las cifras sorprenden al ayuntamiento y a la empresa gestora, Clear Channel, porque el Bicing se encuentra en su fase de implantación y aún funciona solo a medio gas. Las 50 estaciones con 750 bicicletas disponibles solo se encuentran, de momento, en la parte derecha de Ciutat Vella y del Eixample. En el Raval y el Eixample izquierdo, además del entorno de la estación de Sants y la zona universitaria, hay todavía muchos posibles interesados.
La intención era abrir de una sola vez la otra mitad de estaciones restantes el próximo 1 de julio, pero ahora se ha decidido ponerlas en funcionamiento en las próximas semanas, a medida que se vayan construyendo las barreras donde se aparcan las bicis. Con 100 estaciones y 1.500 bicicletas se completaría así la primera fase. Antes de final de año se debe doblar esta capacidad y ya se estudia introducir el Bicing en barrios donde no estaba previsto.
CARRILES BICI
El problema, sobre todo en las zonas alejadas del centro, es la carencia de carriles bici, cuyos 130 kilómetros no dan una cobertura total. El éxito del sistema de transporte público sobre dos ruedas también ha traído otros inconvenientes. Uno de los mayores es que en las horas punta de la mañana y la tarde unas estaciones se quedan huérfanas de bicicletas y otras, en cambio, se colapsan, por lo que los usuarios deben buscar otra estación cercana para poder aparcar la bici.
Con el estudio informático de los movimientos de las bicicletas rojiblancas, los gestores intentan paliar estos déficits, aunque la brigada de cinco furgonetas y dos camiones que debe reponer, quitar y mantener las bicicletas no da abasto ante tanto usuario. En teoría, las 750 bicicletas disponibles ahora no parecen muchas. Si se ven tan a menudo por las calles de Barcelona es por el uso intensivo que se hace de ellas. Tras el primer mes de funcionamiento cada bici era utilizada entre dos y tres veces al día, pero ahora la media es de cinco a seis, lo que representa 4.500 desplazamientos diarios.
HASTA 10 USOS AL DÍA
Cuando el sistema esté a pleno rendimiento se podrá analizar mejor el uso y el movimiento de todos estos vehículos que, por ahora, muestran mucho movimiento en el eje del Arc de Triomf hasta las playas. El sistema, en teoría, podría sostener hasta 10 utilizaciones diarias de cada bicicleta. Ya se estudia alargar las barras de aparcamiento en las estaciones más concurridas. Sobre todo en las cercanías de Arc de Triomf y la Estació del Nord, donde las bicis se agotan cuando por la mañana llega una avalancha de viajeros de fuera de Barcelona que se desplazan a su trabajo o a la universidad con el Bicing. Según los responsables, el objetivo principal es que ninguna de las estaciones esté nunca ni totalmente vacía ni llena, algo que ahora no siempre se cumple.
Los usuarios también comienzan a quejarse de defectos que van hallando en las bicis. Cambios de marchas atascados, ruedas desinfladas o sillines demasiados sueltos son algunas de las críticas, consecuencia del uso intensivo y de estar continuamente a la intemperie. En teoría, esos problemas técnicos deben ser resueltos por la brigada de mantenimiento, que hasta ahora se ha encontrado con muy pocos actos de vandalismo. Los mayores daños fueron producidos por un automovilista que con su coche arrolló un párking entero del Bicing.
Este diario comprobó ayer el funcionamiento del sistema. De las cinco bicicletas utilizadas, una tenía una rueda un poco desinflada, lo que aumentaba el esfuerzo necesario, y otra un sillín que bailaba ligeramente. En una ocasión, en el aparcamiento de Ramon Berenguer el Gran --cerca de Via Laietana con Sant Jaume-- quedaba a las tres de la tarde solo una plaza libre para dejar la bicicleta, pero el sistema de cierre no funcionaba. Había que ir a la plaza de Sant Miquel para poder aparcar. A las ocho de la tarde, la página web del Bicing informaba de todo lo contrario en la misma estación: 18 plazas vacías y ninguna bicicleta disponible.
Todos los desplazamientos se pudieron hacer fácilmente en el máximo permitido de 30 minutos. Aun así, cuando se sufría un ligero retraso, por ejemplo por una conversación por teléfono, se optó por aparcar la bicicleta en la primera estación disponible y ahí mismo coger otra, con derecho a otra media hora. Sin embargo, fue un inconveniente desplazarse por el Paral.lel y el Raval sin tener ninguna estación cercana, a la espera de que el sistema se implante ahí el próximo mes.
ADAPTACIÓN A UNA NUEVA FORMA DE CIRCULAR
La ciudad revisa sus normas viarias ante el auge de la bici
• En 1990, el primer carril especial en la Diagonal causó escepticismo
• Más de 47.000 personas utilizan cada día este medio para desplazarse
E. W.
BARCELONA
Cuando en el año 1990 el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, inauguraba el primer carril bici de la ciudad, el acto provocaba algunas risas y mucho escepticismo. Y no solo por el diseño de aquel carril, tres kilómetros en la Diagonal entre Francesc Macià y el parque de Cervantes, invadiendo la acera sagrada de los peatones. Aun ahora, los carriles bici de la Diagonal, sobre todo de Francesc Macià hasta Marina, son los peores de todos, por enfrentar a ciclistas y viandantes en una batalla que ninguno quería.
Pero también había críticas porque lo de ir en bici era más propio de Amsterdam, Copenhague y Pekín, y no de Barcelona, donde se consideraba a ese medio como algo exótico, curioso y simpático. Solo 17 años después, la red de 130 kilómetros de carriles bici ya se considera insuficiente para absorber la creciente demanda y ofrecer suficiente seguridad a los ciclistas temerosos de ser embestidos por un coche.
CRECIMIENTO CONTINUO
Solo faltaba añadir --a los 47.000 usuarios diarios-- las 22.000 personas que en menos de dos meses se han abonado al Bicing para demostrar que los agoreros pesimistas erraron el tiro con su pronóstico de 1990. Barcelona se ha erigido en poco tiempo en la ciudad más ciclista, por debajo de Bruselas y la tendencia de los últimos años demuestra que el número de ciclistas seguirá creciendo.
Eso ha obligado a los responsables municipales a rediseñar la política viaria en la ciudad. No solo los carriles bici son ya insuficientes --y otros necesitan un cambio radical--, sino también las plazas de párking y los barrotes que van invadiendo aceras y calles en toda la ciudad.
La principal medida municipal de cara al futuro inmediato es clarificar mejor la presencia de la bicicleta en la ordenanza de la vía pública. De vehículo desconocido hace dos décadas, se ha incorporado con fuerza en el panorama barcelonés, provocando sobre todo la antipatía de los peatones. Para intentar atajar los choques entre peatones y ciclistas, a finales de agosto entrará en vigor la nueva normativa, con la regla --entre muchas otras-- de que el ciclista que circule por la acera siempre debe dejar más de tres metros de espacio al peatón.
18/5/2007 EL SISTEMA
UN ABONO PARA TODO EL AÑO
EL PERIÓDICO
LA CONTRATACIÓN
El funcionamiento del Bicing es bastante sencillo y cómodo. El usuario se abona a través de una página en internet (www.bicing.com) o en las oficinas especiales en la plaza Carles Pi i Sunyer, a mitad del Portal de l'Àngel. Hasta el 1 de julio, el abono cuesta seis euros para todo un año, después el precio subirá a 24 euros.
LA TARJETA
A los pocos días, el abonado recibe en casa la tarjeta de Bicing, que debe activar a través de internet con un código de usuario. Con la tarjeta activada, se acerca a una estación de Bicing, coloca la tarjeta ante un lector y una pantalla le indica el número de la plaza.
LAS REGLAS
El usuario tiene 30 minutos para realizar gratuitamente un recorrido y volver a aparcar en una estación cualquiera, donde puede coger otra. Si supera el límite, pagará 30 céntimos por media hora. Nunca se puede tener durante más de dos horas.






danntara
20 may 2007 | 08:55 PM
Que buen artículo sobre las bicis... si bien me daba un poco de temor andar en ella y no saber bien el funcionamiento de este sisema de renta, ahora me convence más agregarme a los bicicleteros... sin embargo, creo que me esperaré hasta que se "normalice" el servicio y haya más bicis...
Gracias por la info, s muy buena...
Carles
26 may 2007 | 04:02 PM
El Periódico de Catalunya, 26-5-2007:
LA MOVILIDAD EN BARCELONA
EL BICING DESBORDA TODAS LAS PREVISIONES Y SOBREPASA LOS 27.000 ABONADOS
• Ayer entraron en servicio seis nuevas instalaciones en distintos puntos de la ciudad
EUROPA PRESS
BARCELONA
El sistema público de alquiler de bicicletas de Barcelona, Bicing, ha superado ya los 27.000 abonados después de tres meses de funcionamiento. Este incremento coincide con la puesta en servicio de seis estaciones más.
Con las nuevas instalaciones, Barcelona cuenta ya con 56 puntos de entrega y recogida de bicis, que se concentran básicamente en los barrios de Ciutat Vella y el Eixample.
La seis nuevas estaciones, que entraron en funcionamiento ayer, se encuentran en el cruce de las calles Almirall Churruca con Sant Carles, dos en el paseo de la Rambla, otra en la plaza de Catalunya y la última en la Rambla de Catalunya.
Completar recorridos
Con el Bicing, el Ayuntamiento quiere agilizar la movilidad de los ciudadanos por la ciudad y permitir que puedan completar sus recorridos en autobús o Metro. Este sistema funciona por abonos que permiten a los ciudadanos utilizar el servicio durante 30 minutos.
Hasta el próximo 6 de julio los usuarios pueden adquirir un abono anual por 6 euros, después de esa fecha el precio será de 24 euros. Si el ciudadano excede de los primeros 30 minutos debe pagar 0,30 euros por cada tramo de 30 minutos adicional, con un máximo de dos horas.
Los puntos de recogida y entrega están abiertos las 24 horas del día de viernes a sábado y de domingo a jueves el servicio está cerrado de la medianoche a las cinco de la madrugada. En esta franja horaria, solo se pueden dejar bicicletas.
Carles
10 jun 2007 | 08:30 PM
El Periódico de Catalunya 10/6/2007 NUEVO FENÓMENO URBANO|EL DEBATE
LOS USUARIOS DEL BICING CAUSAN TEMOR Y QUEJAS ENTRE LOS PEATONES
• La mayoría son novatos que no se atreven a ir por la calzada y circulan más seguros por la acera
• La cifra de abonados alcanza los 40.000, casi tres veces más de lo planeado para finales de año
CATALINA GAYÀ
BARCELONA
Una ola de antipatía recorre las aceras de Barcelona. El fenómeno rojiblanco --los colores del Bicing-- se apropia de bulevares y ramblas de la ciudad y las quejas de los transeúntes son cada vez más airadas. "A la pró-
xima bicicleta que me dé un golpe, le daré con el bolso", se queja una joven. Un bicing tambaleante se topó con ella cuando paseaba por el Portal de l'Àngel. Ni perdón ni disculpe ni nada. "Caminas por la acera, oyes el timbre y tienes que apartarte. La mayoría parece que no ha cogido una bicicleta en su vida", se queja otro peatón.
Durante casi dos décadas, ciclistas y peatones han luchado en el mismo bando en la batalla para ganar espacio al coche y a la motocicleta. Ahora las calles se llenan de ciclistas --esta semana la cifra de usuarios del Bicing ha alcanzado los 40.000-- que no se atreven a circular por la calzada y que buscan en las aceras, paseos o ramblas un carril alternativo, más seguro para ellos.
"Me da miedo circular entre los coches y voy por la acera. Los peatones se enfadan y sé que tienen razón, pero ¿qué hago?". Esta la respuesta y la duda de cinco usuarios del Bicing en cinco puntos diferentes de la ciudad. Solo uno de ellos confiesa que ya había ido en bici por Barcelona antes de que se pusiera en marcha el servicio del ayuntamiento. Además, es el único que, si no le queda más remedio, se tira al asfalto. Los otros se confiesan novatos, inexpertos en el pedaleo urbano.
PRIMERA EXPERIENCIA
Para dos veinteañeras, una treintañera y hombre de 62 años, el Bicing es su primera experiencia con una bicicleta en la ciudad. Las consecuencias: circulan por los bordillos porque les da miedo ir entre los coches; se sienten inseguros por ciertos carriles bicis --el de Consell de Cent y el de Diputació se llevan la palma-- en los que las zonas de carga y descarga o los coches aparcados son el pan de cada día; no saben qué hacer cuando un carril bici se acaba sin previo aviso.
Los expertos coinciden en que este es un momento de cambio en el modelo de movilidad urbano. "Hay que transmitir un mensaje de convivencia entre ciclistas y transeúntes. El peatón ya no puede ir mirando las musarañas. De los 11.000 heridos que hubo el año pasado en accidentes en la ciudad, ninguno fue por una bicicleta", aclara Ole Thorson, presidente de la Federación Internacional de Peatones.
Haritz Ferrando, del Bicicleta Club de Catalunya (BAC), tiene claro que hay un antes y un después del Bicing: "Ha servido para mostrar que hay mucha gente que quiere ir en bici por la ciudad. Ya no se puede decir que no hay demanda. Los nuevos ciclistas están buscando su espacio y hay que hacer todo lo posible para que puedan circular. Apostamos por reducir la velocidad de los coches para que ciclistas y automóviles cohabiten, y por concienciar a los ciclistas de que en las aceras deben comportarse de una determinada manera, respetando al peatón".
Ni la Guardia Urbana ni el ayuntamiento tienen constancia de que se hayan producido atropellos. Aun así, ni los defensores de la bicicleta pueden negar que el malestar y el temor ante los ciclistas está a la orden del día. "El Bicing atrae a conductores de bajo perfil que no van en bicicleta desde hace tiempo o, en algunos casos, que nunca habían cogido una bicicleta en la ciudad. Los nuevos usuarios deben saber que circular por la ciudad no es lo mismo que ir por la montaña o por un pueblo. Hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones que deben saber antes de subirse a una bici", explica Joan Estevadeordal, presidente de Catalunya Camina.
De momento, son pocos los ciclistas --bicing y no bicing-- que hacen caso a la ordenanza sobre la circulación de peatones y vehículos en la ciudad. Según las últimas informaciones, la norma entra en vigor a finales de agosto. En ese momento, los bicing tendrán que bajar de las aceras. El fenómeno rojiblanco estará en el asfalto.
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DOS PUNTOS DE VISTA
¿PEDALEAS O CAMINAS?
• Un recorrido en bicicleta tras una asidua del Bicing y un paseo por el centro de la ciudad muestran la lucha diaria por el espacio entre ciclistas y transeúntes
C. G.
BARCELONA
Las primeras líneas de este texto circularán en bici siguiendo el pedaleo de una joven usuaria del Bicing entre el paseo de Gràcia y el de Sant Joan. Las últimas se recorrerán a pie por el centro de Barcelona esquivando ciclistas entre turistas. Empieza el recorrido. Una mujer atraviesa el paso de cebra del paseo de Gràcia por el carril bici. Habla por el móvil y, a pesar de que tiene todo el paso para ella, decide caminar entre las dos líneas blancas que indican el camino de las bicicletas. Sigue la línea, follow the line... La estudiante montada en una bicing, la ve, frena, toca el timbre. Nada. La peatón levanta la mano como indicando que está harta. La ciclista acelera y la dribla. Un bus frena a su izquierda y le da paso. ¡Glups! Misión cumplida. La ciclista llega al otro lado.
Se dirige al carril bici de la Diagonal. Segundo problema: hay una aglomeración de turistas y transeúntes; dos bicing más, un ciclista experimentado y un ejecutivo montado en una plegable. Verde. Pasan los peatones. El experimentado los esquiva y se dirige a Gran de Gràcia entre los coches. El ejecutivo acelera y se mete en el carril. Se diría que cambió el deportivo por la bici, pero que se llevó el estrés al aire libre.
El timbre no calla
La mujer morena montada en una rojiblanca repica. Los peatones la miran con cara de impaciencia. La estudiante baja de la bici. Ejemplar. El hombre se desmarca y va tras el ejecutivo. De nuevo el problema: los peatones caminan sin darse cuenta por el carril. Susto para el ejecutivo y susto para ellos. Hay más. Los que esperan en la parada del bus se expanden. Los empleados de la limpieza no distinguen carril y acera. Los perros y sus dueños buscan estar cerca del césped. Por si todo esto fuera poco, hay ciclistas, ningún bicing, que vienen de frente.
Un taxi ocupa todo el paso entre Diagonal y Roger de Llúria. Unos turistas, justo antes del semáforo, se hipnotizan con un edificio. Los ciclistas los pasan: una ese, otra ese. La estudiante frena. Por detrás, otra ciclista frena y casi se la come. El ejecutivo y el bicing driblan el taxi y esquivan el ciclista que viene de frente.
Otro peligro; quizá el más inesperado. Las palomas no levantan el vuelo ni con la rueda de la bicicleta a cinco centímetros. ¿Por qué? La estudiante frena y se tambalea ante las aves inmóviles. El último semáforo es la prueba de fuego. El asfalto está cuarteado. De nuevo se espera entre peatones y, finalmente, hay que ir por el carril bici. La mujer morena se sube a la acera. La estudiante pasa. Un peatón la regaña y una moto le pita. Ella sigue, roja y blanca, y se pierde pedaleando hacia plaza de Tetuán.
Portal de l'Àngel a las once de la mañana. Turistas, músicos, guardia urbana y, por supuesto, ciclistas, bicing y no bicing. Dos en una bici, divertido, si no fuera porque la eses no son suficientes y se llevan de frente a una joven. "Perdón, lo siento". El joven se queja entre dientes. A lo lejos, un bicing, tras otro bicing. Se lo toman con más calma y le dan al timbre. Los transeúntes se apartan aunque no los vean venir. El instinto avisa de que el peligro está cerca. Levantas un brazo, giras el torso y la bicicleta pasa. La mujer elástica estaría en forma en Barcelona.
La regañina
Frente a El Corte Inglés, un bicing frena. Una cola de peatones frenan tras él. Regatea un rato con un chico que vende gafas de sol, no compra y sigue. Toca el timbre. Esquiva bien a unos turistas, frena de nuevo y mira con cara de agobio. Una mujer mayor lo regaña. Lo hace cuando el ciclista se baja. El chico la mira con cara de compresión y sigue a pie.
Entre tanto barullo es difícil avanzar. Ahora, con ojos de peatón, la marabunta parece sólida, inamovible. La selva urbana tiene muchos ritmos: el del transeúnte, el del ciclista, el del bicing, el del turista. Frente a la plaza de la catedral, el aparcamiento de bicis está abarrotado. La cuesta de la calle del Bisbe es pronunciada. Aquí el transeúnte no espera que le embista una bicicleta por detrás. De frente, solo se ven turistas. Nadie se atreverá a circular por este tramo. Error de planteamiento. Ahí aparece una chica ta-
cón, bolso resbaladizo y tocando el timbre de una bicing. Acaba de coger la bici en la plaza de Sant Miquel. Tiene prisa, nunca había ido en bicicleta, no avanza. Toca, el timbre, toca el timbre. Imposible apartarse: no hay espacio.
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El transeúnte sigue siendo el rey en las calles de Barcelona
EL PERIÓDICO
Una encuesta de movilidad del Ayuntamiento de Barcelona confirma que el 46% de los desplazamientos internos que hubo en la ciudad en el 2005 se hicieron a pie o en bicicleta; el 30%, en transporte público, y el 24%, en transporte privado. En este momento, en Barcelona hay más de un millón de personas caminando por la ciudad. La mayoría hace recorridos inferiores a los 2,5 kilómetros. Además, se calcula que unas 47.000 bicicletas circulan cada día por la ciudad. A estas se suma el fenómeno Bicing: 1.500 bicicletas repartidas en 65 estaciones.
LA ORDENANZA - REGLAS PARA TODOS
EL PERIÓDICO
La ordenanza establece, entre otras normas, que los ciclistas solo podrán circular por las aceras o paseos cuando estas tengan más de cinco metros de ancho. Además, deberán bajar
de la bicicleta en caso de aglomeración, es decir, cuando no sea posible conservar un metro de distancia entre la bicicleta y los peatones o circular en línea recta cinco metros de manera continuada. Cuando el carril bici se encuentre situado en la acera, los peatones lo podrán cruzar, pero no podrán permanecer allí ni caminar por él.