Que La Alhambra es una maravilla está claro, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, junto a los Jardines del Generalife y El Albaicín, y además el 7 de julio en Lisboa se sabrá si también es una de las nuevas siete maravillas del mundo, la elección se hace por votación popular en todo el mundo, la forma de votación se explica en la web oficial de New 7 Wonders, por internet o por teléfono.

He visitado Granada y otras poblaciones de su provincia en dos ocasiones, en 1992 y 1998: Santa Fé, Fuentevaqueros, Sierra Nevada, Güéjar-Sierra, Motril, Salobreña, las bellísimas Alpujarras...siempre se queda uno con ganas de volver y seguir descubriendo rincones encantadores, pueblos acogedores y paisajes de fábula, este artículo me hace recordar que ya hace demasiado tiempo que no paseo por Granada.
Una vivencia imprescindible en esta existencia es escuchar como canta el agua en Granada, en cada rincón, empaparse de las formas y colores de La Alhambra y sus jardines, disfrutar de sus mil caras desde la ciudad, o desde los diversos miradores que la contemplan en la distancia, desde San Nicolás, desde San Cristóbal, desde la Silla del Moro o el Campo del Príncipe, pero personalmente adoro La Alhambra desde el Paseo de los Tristes, junto al río Darro que le refresca los pies.
Y si nos ponemos sentimentales hasta sería conveniente ver sonar el alba en la Torre de la Vela, como decía la bellísima copla Ojos Verdes, de Quintero, León y Quiroga. Esa altiva torre magna de La Alhambra retratada también en los fandangos De la torre de la Vela que cantaba Manolo Caracol.
Si uno tiene un amor tiene que llevarlo sin falta a Granada, a La Alhambra y a los Jardines del Generalife, yo ya lo hice y el recuerdo es imborrable, os lo recomiendo, tiene un efecto casi mágico, irresistible.
Siempre es un placer sentirse extasiado por la belleza del Generalife, donde la naturaleza y el arte se funden en un abrazo inmenso, eterno. O dejar pasar el tiempo en una de las teterías árabes de la calle de Calderería Nueva o relajarse en los deliciosos baños árabes de la Calle de Santa Ana, perderse en la Alcaicería o acercarse hasta la plaza de Bib-Rambla, deleitarse en los Cármenes del Albaicín, subir al Sacromonte, recorrer los pasos de García Lorca paseando por la Huerta de San Vicente o llegarse hasta su pueblo natal en La Vega: Fuentevaqueros. Todo es posible en Granada, la ciudad de los mil encantos.

Sólo espero que si La Alhambra es declarada en esta votación una de las siete nuevas maravillas del mundo, sin duda un orgullo para la ciudad, como consecuencia no muera de éxito ante la avalancha del turismo de masas global, un grave riesgo que devora cualquier encanto, la invasión de las multitudes es casi una maldición para un lugar querido, el rédito en ganancias económicas para algunos no compensa en absoluto la pérdida en autenticidad y en tranquilidad que disfrutaba hasta hace unos años el ciudadano que habita o el ciudadano que visita sin prisas un espacio determinado, ya sea Granada y La Alhambra o Barcelona y sus atracciones de interés, el turismo de masas acaba convirtiendo un lugar con encanto en un auténtico y perfecto parque temático, yo egoistamente prefiero una Granada como una Barcelona más tranquilas.
Por eso motivo tengo mis dudas ante tal elección y no sé si es más conveniente que siga siendo simplemente maravilla, maravilla sin más, muchos ya sabemos de sus grandezas sin necesidad de otros títulos extraordinarios que den una publicidad excesiva a un lugar con sus limitaciones físicas, con una capacidad no infinita de absorción de turismo, en mi opinión sería mejor primar la calidad a la cantidad por el bien último de Granada, que La Alhambra ya es maravilla, ahora bien, quien quiera votar que vote.

Nota: Ilustración en cabecera del Patio de los Leones de La Alhambra por Isidore Taylor, una imagen romántica del interior del monumento sereno y en paz, sin multitudes, difícilmente reproducible en la actualidad, en un mundo como el de hoy.

Este artículo va dedicado a mi amigo Javier de Granada.