Este próximo viernes volveré por tres días a Firenze, un reencuentro deseado desde hace tiempo, volveré con nuevos ojos y nuevas manos, pasearé de nuevo por la orilla del Arno, andaré sus viejas calles como hace años.
Florencia fue la primera ciudad que visité en el extranjero en 1985, esa fue también mi primera vez en Pisa, Venecia y Siena, tenía diecisiete años y la vida por quemar, iba empapado de renacimiento y aunque era muy joven disfruté como un loco del arte que se vive a cada paso por la capital toscana, fui reconociendo con placer cada pintura, cada escultura y cada monumento que había estudiado.
Diría que estuve al borde de sufrir el famoso síndrome de Stendhal, quien visitando la florentina basílica de Santa Croce tuvo determinados síntomas físicos como reacción romántica ante el cúmulo de belleza y el goce monumental que la experiencia resultó ser para sus sentidos, para su exquisita sensibilidad de artista, diríamos que sería el arte disfrutado en sobredosis.
Volví a Florencia en 1989, una visión fugaz, estuve exactamente una hora, elrato que paró el autocar que me llevaba desde Roma a Barcelona, lo que medió el tiempo suficiente para llegar hasta el mítico Ponte Vecchio, cambiando la comida por el disfrute apresurado de las fachadas color ocre sobre el río Arno.
Y dentro de un largo viaje por tierras italianas, volví por tercera vez a Florencia en 1994, cuando viví la ciudad y sus encantos en amor que es como mejor se vive tanta belleza, todo se ve con otros ojos.
Y vuelvo en 2007 con nuevos ojos y nuevas manos, con nuevos afectos a los que mostrar tanta belleza acumulada en siglos, por aquí lo contaremos con algunas fotos, también de Siena.
Nota: La ilustración de la foto en cabecera es el "Incontro di Dante con Beatrice" de Henry Holliday, que se encuentra en la Walker Art Gallery de Liverpool (Inglaterra).




rosa
12 jun 2007 | 12:45 PM
He hermosas ciudades, ambas que encantan. Disfrutalas. saludos