Y por fin llega el momento de dedicarle un espacio en mi blog a la ciudad en la que vivo, Sant Cugat del Vallès, un agradable lugar, una ciudad abierta y acogedora de casi 80.000 habitantes y en crecimiento, que combina la riqueza de su patrimonio histórico con la oferta de actividades lúdicas y culturales, situada a 15 kilómetros de Barcelona.
Sant Cugat destaca por su calidad de vida, impulsada por un entorno natural privilegiado alrededor del Parque de Collserola y por un urbanismo equilibrado, con una gran cantidad de zonas verdes y parques urbanos.
Esta circunstancia, junto con el desarrollo de la actividad económica, configura una ciudad dinámica, equipada con modernas infraestructuras y muy bien comunicada con Cataluña y Europa. Esto ha favorecido la implantación de importantes empresas de servicios a parte de consolidar un comercio local de mucha calidad, además de ser sede de gran cantidad de empresas multinacionales.
Sant Cugat es hoy una ciudad predominantemente joven, con el índice de natalidad más alto del estado español, y que ha ganado una amplia zona en el centro histórico reservada al peatón, dónde se puede pasear, comprar y disfrutar del ambiente, con nuevos equipamientos deportivos y culturales.
La joya artística de Sant Cugat es su Monasterio, el Monestir de Sant Cugat,que veremos en los próximos posteos y que llegó a tener un gran poder político, territorial, cultural y religioso en la Catalunya de la Edad Media.

Real Monasterio de Sant Cugat del Vallès
El conjunto monástico consta, actualmente, de la iglesia y de un magnífico claustro que acoge la sede central del Museo de Sant Cugat, en el entorno del cual se ubican la sala capitular y las antiguas dependencias monásticas. A poniente se encuentra el Palacio Abacial. El conjunto era totalmente fortificado y restan gran parte de sus muros y torres, construidas en los siglos XIV y XVI. El claustro románico es el elemento más destacable del conjunto monástico por su estructura y la calidad decorativa de sus capiteles. También destaca el rosetón gótico de la fachada principal de la iglesia.

El Monasterio es una antigua abadía benedictina situada en la localidad catalana de Sant Cugat del Vallés. El monasterio, construido entre los siglos IX y XIV, destaca por su impresionante claustro. Fue el monasterio de mayor importancia de todo el condado de Barcelona.

Los orígenes del monasterio se sitúan en el siglo IX cuando se decidió unir la iglesia que contenía los restos de San Cucufate o San Cucufato (Cugat en catalán) con una fortificación anexa. La pequeña iglesia, construida en el siglo V, era un pequeño reciento de planta cuadrada alrededor de la que se cree existía ya una comunidad de monjes. Sin embargo, no se tienen noticias documentadas de la existencia de esta comunidad hasta el año 878.

En los inicios del siglo X la importancia del monasterio empieza a ser notable. Los abades de San Cugat tomaban parte en actos de relevancia y las posesiones de la comunidad se amplían llegando a tener tierras desde la zona del Penedés hasta la del Montseny. En el año 985, el ataque de las tropas sarracenas capitaneadas por Almanzor afectó al monasterio aunque no causó daños excesivamente graves. El abad que regía el monasterio en esa época, Odón, inició las obras de reconstrucción del cenobio.

A finales del siglo XI, Berenguer Ramón II dispuso que el monasterio quedara sometido al de San Ponce de Tomieres, en la zona de la Provenza, lo que creó discrepancias entre los monjes de Sant Cugat. El abad de San Ponce se trasladó hasta el monasterio catalán y aquellos monjes que estaban en desacuerdo con su gestión fueron expulsados. Sin embargo, el obispo de Barcelona reclamó sus derechos sobre el monasterio que volvió a quedar sometido a la diócesis barcelonesa.

Fue en ese periodo cuando más se ampliaron los dominios de San Cugat. Quedaron sujetos al mismo los monasterios de Santa Cecília de Montserrat, el de Sant Llorenç del Munt, Sant Pau del Camp, Sant Pere de Clará y el de Sant Salvador de Breda.
A mediados del siglo XII se iniciaron las obras de construcción de un nuevo monasterio. Se amplió la iglesia existente en una obra que se prolongó en el tiempo, ya que su construcción no finalizó hasta el año 1337.

En el año 1350 se iniciaron las obras de fortificación del monasterio. El rey Pedro III amplió esta fortificación añadiendo algunas torres de guardia. Sin embargo, en este periodo se inició el declive de Sant Cugat. El abad Pere Busquets suprimió la elección directa del abad por parte de los monjes del monasterio. Los nuevos abades eran nombrados desde la diócesis y algunos de ellos ni siquiera visitaban el monasterio. Aunque se siguieron realizando algunas obras, San Cugat ya no tenía el poder de antaño.

Durante la Guerra de Sucesión Española, el monasterio fue ocupado por las tropas del Archiduqe Carlos, ocupación que causó graves desperfectos en el edificio. Se llevó a cabo una restauración que finalizó en 1789.

En 1835 los monjes abandonaron el monasterio; el abandono fue causado en parte por la ley de desamortización que obligaba a las órdenes religiosas a abandonar sus pertinencias, y en parte por el asalto de un grupo de habitantes de la zona. Sant Cugat quedó abandonado hasta 1851, año en el que la Comisión de Monumentos Históricos decidió restaurarlo.
En 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico.