Maldito fuego que arrasa
los secretos de los montes amados.
Malditas manos que asesinan la vida
y nos dejan desnudos, huérfanos.
Negro pino, negra palma, desierto de vida,
desbandada de aves, ovejas sin pasto,
paisaje de perros rabiosos
de quien adora a la muerte.
Por esta plaga de brisas negras
que aniquila horizontes tranquilos,
malditos sean sus días.
Por los vergeles masacrados,
por este mar de cenizas,
de humo y esqueletos al sol, malditos.
Por esta tierra tizón merecen un cielo
de inmensas piedras candentes,
días sucios sin paz, llamas con hambre
y conservar la sucia memoria
para recordar a fuego
su huella infame en el paisaje.
Dejaron vida quemada, muerte,
y al hombre en cueros, en dolor,
aunque sobrevive la esperanza
que sueña en un mañana verde
y en un futuro sin alimañas.

© Carlos Gracia Escarp

Tenerife, Gran Canaria, La Gomera y todas las tierras quemadas que cada día nos arrebata el fuego volverán a florecer mañana.

Además de estos "versos que no riman" nacidos de la rabia ante el desastre, traigo algunas fotos del interior de mi querida Gran Canaria en mi viaje de agosto de 2006, con la esperanza de volver a encontrarla igual que la dejé en poco tiempo.