
UN MAR EN LA VENTANA - APARTAMENTO 8, LA FUENTE
Hablaré de La Palma y de mis sensaciones en ella, y quiero empezar con un magnífico regalo que me encontré al reconocer el apartamento elegido en Santa Cruz, en los Apartamentos La Fuente del centro histórico de la capital de la isla.
Se trataba de algo sencillo, quizá poético, así me lo pareció, simplemente una vista, un panorama del mar sobre las casas frente a la ventana, la podéis ver al inicio y al final de este artículo con sus diferentes colores del día.
Al entrar en el apartamento la brisa del verano y el mar urgaban descaradamente entre los visillos de la ventana abierta y en la distancia las olas iban marcando el ritmo con golpes secos y espumosos en su constante vaivén contra el cercano paseo, potentes fuerzas comunicándose en su lenguaje de energías, el océano en continuo movimiento y la ciudad resistiéndose a ser sometida con sus defensas incansables defendiéndose de las corrientes marinas.
Desde esa ventana parecía que la ciudad fuera a sucumbir en el momento más inesperado a la presión de las aguas, sin duda desde la altura parecían más poderosas las aguas que las calles, casi se intuye un deseo continuo en las aguas por poseer finalmente las viejas calles de Santa Cruz, una lucha inacabable en su encuentro insinuante con los muros que detienen su paso, una batalla eterna entre el poder de la naturaleza y la obra del hombre que desea domesticarla.
Sin embargo ahí sigue -firme- desde hace siglos la capital palmera, con sus diferentes colores en el día reflejados en su cielo, con sus balcones de madera, sus adoquines de piedra, su puerto, su calle real y el dulce don de sus gentes, observando el encuentro de la ciudad con la estampa poética de las olas del mar rompiéndose al llegar a estas costas, todo un espectáculo para el forastero.
Con el tiempo ganado al sueño en estas primeras horas en la isla fantaseo con ir reconociendo en los siguientes días muchos de los detalles que esconde La Palma, me imagino saboreándola poquito a poco al paso de las lentas horas...mientras una caprichosa lluvia de agosto viene y va, tímida, recibiendo a su llegada a este visitante en esa primera jornada palmera del 7 de agosto.
De los momentos felices que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida quedará también el recuerdo de este verano en Santa Cruz de La Palma, y el del sonoro encuentro con el Atlántico en la primera noche, recordaré esas olas saltando inmensas contra el muro del paseo de la Avenida Marítima de Santa Cruz, vacío de gente, lleno de mar, mojado el suelo al pasar y ese estruendo sordo y cadencial que ya se escuchaba en la distancia, también desde mi ventana, un sonido hueco que al principio no supe reconocer, era el encuentro del océano con esta tierra, con las rocas y los muros de la ciudad, un sonido que no hace más que reforzar la esencia de la isla, también de Santa Cruz, en un claro síntoma de su calma existencial, su gran tesoro.






Grace
3 sep 2007 | 01:14 AM
Maravilla de paisajes, pero lo más importante es el "viaje interior" al que te lleva ese viaje exterior.
Muy poéticamente escritos tus textos, muy bien.
Saludos