
La monarquía, Bruselas, los gofres, las patatas fritas, el chocolate, la lluvia, el horizonte llano, Jacques Brel, el Tintín de Hergé, el Hércules Poirot de la británica Agatha Christie, el Manneken pis (pequeño niño meón, desmedido icono turístico de Bruselas) son unos cuantos símbolos comunes a todos los belgas, quizá algunas cosas más, a unos les parece bien y a otros no tanto, símbolos al fin comunes a los de Flandes y a los de Valonia y también esta canción de Brel que los define por entero y geográficamente, el país llano, le plat pays en francés, mijn vlakke land en neerlandés.
Flamencos y valones, dos comunidades culturales y lingüísticas que comparten estado y que en estos tiempos andan en busca de un gobierno común que las represente en conjunto, después de varios meses tras las elecciones sin ponerse de acuerdo, un equilibrio político difícil, un equilibrio bien delicado, como el de la relación de Brel con su Bélgica natal en vida, aunque posteriormente tras su desaparición sus paisanos lo consideraron el belga más importante de su historia, cosas de la vida.
Dice una estrofa de la canción: "..Le plat pays qui est le mien, avec des cathédrales pour uniques montagnes..." (en este país llano que es el mío, con las catedrales por únicas montañas)...al final de sus días, Brel fue enterrado por su voluntad en las Islas Marquesas, en la Polinesia francesa.
Mijn vlakke land
Le plat pays






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