Au! es la expresión local con la que se saludan en sus encuentros los morellanos, y con este saludo quiero abrir esta presentación de la ciudad de Morella que visité por primera vez hará unos treinta años, no había vuelto desde entonces, pero no sé por qué siempre la tuve en mis pensamientos y tenía ganas de volver, algo quedó prendido en mi cuando la visité de niño, así que ya era hora de volver y lo hice por un par de días, deliciosos momentos revividos en los que la he reconocido y me he reconocido a mi mismo de nuevo en sus viejas calles.
Morella se descubre desde la lejanía, la primera visión que se tiene de la ciudad desde la carretera que viene de Vinaròs es de fábula, como un espejismo, la ciudad se expone coqueta extendida mostrándose esplendorosa al sol entre sus murallas, como adormecida alrededor de una peña coronada por el viejo castillo, sus casas escalonadas en la pendiente buscan el sol de la mañana y sus habitantes viven su día a día rodeados de piedras que hablan del pasado y de su propia historia.

Morella es un lugar mítico para mi, algo en su esencia me atrae, quizá su aroma, sus paisajes duros y austeros pero bellísimos, su calma intacta, y digo Morella y voy más allá, me pierdo por todo el Maestrazgo en un sentido amplio de su geografía, desde Alcañiz a Calaceite o Valderrobres, desde Molinos a Forcall, de Cantavieja y Mirambel a Ares del Maestre, de Villarluengo a Aliaga y Pitarque, de Sant Mateu a Herbés, a todos ellos llega un halo invisible que los une de raíz, en espíritu...pueblos de sabor antiguo, naturaleza serena, viento, arroyos, tomillo y romero, montes calvos y pinares, paz, lugares llenos de poesía pero de una realidad dura que va perdiendo población día a día, sus pueblos se hacen viejos y lamentablemente algunos pueden morir en este siglo XXI.

Morella es actualmente la capital de la comarca de Els Ports, pero se encuentra situada también en la Mancomunidad Turística del Maestrazgo o Maestrat, compuesta por 55 municipios de las provincias de Castellón y de Teruel, de diversas comarcas limítrofes y que se me antojan con la categoría suficiente como para formar una provincia propia que nunca fue oficialmente, quizá por su poca población y falta de recursos económicos de importancia, quizá para que estos territorios siguieran siendo por los tiempos un pequeño universo casi desconocido para la mayoría, todo un mundo por descubrir.