Uno de los rincones mágicos de Barcelona, una pequeña plaza medieval que conserva el sabor de siempre que le da ese aire encantador a la ciudad: la Plaça del Pi (Plaza del Pino) situada entre las Ramblas y la Catedral, la plaza es el espacio ubicado frente a la fachada principal de la Iglesia de Santa Maria del Pi, que destaca por su inmenso rosetón y por su equilibrada torre campanario que es visible desde las Ramblas, como se aprecia en la foto que cierra el artículo.

Pero la protagonista de este post es la pequeña plaza del Pi, a la que se accede desde la también coqueta plaza de Sant Josep Oriol que mira a uno de los laterales de la misma iglesia, o desde la encantadora calle de Petritxol, y desde las Ramblas a través de la Calle del Cardenal Casañas. Apenas hay espacio para una visión de conjunto de la fachada de la iglesia desde cualquiera de los extremos de la plaza, la fachada se presenta contundente y hermosa en este espacio de intercambio ciudadano varias veces centenario.

El mercado estable de productos alimenticios artesanales que llena la plaza contribuye a darle un mayor encanto, con ese aire antiguo, los artesanos ofrecen productos de la tierra al visitante en un entorno único que invita al paseo relajado por las viejas calles de la ciudad.