El Teide, con sus 3718 metros de altura es desde su posición en el centro de la isla, la figura omnipresente y visible casi desde cualquier rincón de Tenerife. He visto incluso algunas fotos de la sombra de su figura que alcanza el mar en las primeras horas del amanecer, y que dan la medida justa de su grandeza y de su presencia simbólica en la vida diaria de los tinerfeños, es el Padre Teide.
El Parque Nacional de las Cañadas del Teide (patrimonio natural de la humanidad) es en su conjunto un paisaje excepcional, sin igual. Si uno no es montañero de primera, se asciende en teleférico hasta la cumbre, al que hay que llegar temprano para evitar las largas colas de mediodía y desde la estación superior del mismo se accede al sendero Telesforo Bravo (solicitando permiso previamente por internet, ver Punto Info) para llegar ya a pie hasta la cima del Teide tras ascender los últimos centenares de metros, un recorrido de altura, agotador por la escasez de oxígeno, pasando por los aromas sulfurosos del cráter y con las siete Islas Canarias flotando alrededor, en la distancia, toda una experiencia volcánica y espectacular, en el Teide el adjetivo es justo, para nada exagerado.
Magníficos también los extensos pinares en el municipio de Vilaflor, bellísimo el recorrido por las carreteras que ascienden hasta el Parque y una vez en su territorio, las figuras de lava de los Roques de García, casi desafiando la ley de la gravedad.
Pero el Parque Nacional de las Cañadas del Teide es mucho más que estos rasgos básicos visitados en tan sólo unas horas, dejo aquí algunas fotos que muestran mi paso por el Teide y alrededores, del Observatorio Astrológico, del inmenso mar de nubes a sus pies, de mi ascenso desde la carretera de La Orotava y del descenso por el Monte de la Esperanza hacia La Laguna con muchos altos en el bellísimo camino.






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