Cuando bajas en dirección al mar paseando por alguna de las calles del Eixample, hermosas y cuadriculadas, urbanizadas entre los siglos XIX y XX (las calles del ensanche de la Barcelona moderna) y de pronto te encuentras con el límite en el que se entra de lleno y claramente en la vieja Barcelona, la sensación es la de atravesar una frontera entre el presente y el pasado.

Por ejemplo, una buena opción es bajar por la calle de Girona dirección mar, su último tramo (y corto) cambia de nombre, calle de Méndez Núñez, finaliza en los límites del barrio de Sant Pere, a partir de ahí empieza un mundo diferente, recorrerlo sin rumbo y sin prisa es todo un placer, girando al final de la calle a la izquierda (y a la derecha): Barri de Sant Pere, Plaza de Sant Agustí Vell, Santa Caterina, Calle de Carders, Barri de La Ribera y Born, estos últimos ya más transitados, aunque no dejan de ser lugares con máximo encanto en la turística ciudad de Barcelona.

El poema-canción que publico a continuación fue inspirado ayer en un paseo por mi vieja Barcelona, un paseo sin cámara de fotos que me reconcilió a pleno sol con sus encantos escondidos que no todos los visitantes consiguen descubrir, en ocasiones Barcelona se pone rebelde y no lo enseña todo, me refiero a esos encantos que a veces los barceloneses dejamos olvidados entre el turismo de masas. Las fotos que acompañan fueron tomadas hace unos meses en diferentes lugares de la vieja Barcelona, las incluyo para ilustrar mejor las sensaciones callejeras del texto que sigue:

Mi secreta ciudad

Quisiera mostrarte mi ciudad secreta, tesoro querido que guardo escondido,
oculto escenario entre calles estrechas, viejo barrio del corazón de mi ciudad.

Quisiera llevarte por esas callejas con nombres de santos y viejos oficios,
casas con fachadas de piedra, reflejo dormido de un pasado medieval,
Historia y presente en el que vive y muere la gente a diario tras cada portal.

Placitas tranquilas, rincones sombríos, testigos callados donde enamorar,
conserva su esencia artesana y tiendecitas de ensueño por saborear,
traspasa una puerta que veas abierta, no pases de largo que te encantará. 

Vecinos de siempre y recién llegados de tierras tan lejanas, juntos por calles antiguas
eternos contrastes que reconocerás, a veces calles desiertas, al sol calles repletas,
Un mundo perdido que muchos ignoran, vida de barrio y laberinto de enredos sin final.

Quisiera mostrarte al mercado de alegres colores, el Mediterráneo te sorprenderá.
Sabor a frutas y vida de barrio envuelta en vivos aromas de mar,
entra conmigo en mi ciudad secreta y tus sentidos más llenos de vida te llevarás.

Pasearemos con calma sin previo destino, caminaremos sin rumbo pensado, 
volverás de inmediato al pasado descubriendo detalles de cuento encantado 
por callejuelas estrechas y tan perdidas del tiempo que te encontrarás.

© Carlos Gracia Escarp