El artículo lleva por título una cata de Rioja porque solamente una cata fue mi estancia, una cata de La Rioja, pero sirva como muestra de esa tierra con nombre de vino, como la define su promoción turística. De La Rioja enamoran sus paisajes de viñedos que no acaban y sus pueblos con encanto, el buen beber y el buen comer, así que más que una cata con lo que uno se queda con ganas es de emborracharse de La Rioja y beberse con los sentidos sus valles y sierras, sus calles y ríos, de probar todos sus vinos, así que no queda otra alternativa que volver pronto para seguir descubriéndola y degustándola. 
De la comunidad de La Rioja sólo pude ver su capital: Logroño y la ciudad de Nájera, ese antiguo reino a orillas del río Najerilla del que también hablaré. Me quedé con las ganas de conocer tantos lugares que una segunda visita es del todo obligatoria y sin duda la mejor de las excusas para volver. Después de pasear por la navarra Viana, entramos en la Comunidad de La Rioja por Logroño, su capital regional.

La ciudad de Logroño está bañada por el río Ebro que transita la ciudad y le da vida con sus verdes paseos a lo largo de sus riberas, con su imagen siempre reconfortante de un caudal pletórico de aguas que riegan los campos de tantas tierras hasta llegar al Mediterráneo, Logroño es una animada ciudad media con unos 150.000 habitantes que sigue creciendo a buena marcha y por la que pasa el Camino de Santiago, que por ser casi fronteriza con las comunidades vecinas nos abre las puertas de su comunidad uniprovincial, con sus diferentes comarcas a descubrir con sus maravillas, más allá del vino. Pueblos y paisajes de La Sierra, La Rioja Alta, La Rioja Baja o de la misma comarca de Logroño, con diferentes rutas turísticas en todas ellas, lugares que hay que reconocer detenidamente. 
Las fotos que hice en mi paseo por Logroño no son muchas, sólo son algunas pinceladas monumentales en mi caminar, mi visita a la ciudad fue bastante parcial, lo que dio de sí entre vino y vino por su casco antiguo, el típico e imprescindible chiquiteo logroñés, lo comento por si a alguien al leer el artículo le parece que faltan encantos, efectivamente no están todos.

Después de un paseo por los márgenes del Ebro con una imagen de la ciudad desde el Puente de Piedra, entramos en su casco antiguo por la Puerta de Revellín, de las murallas de Logroño quedan apenas unos pocos restos en la calle Barriocepo, así como la Puerta del Revellín, también llamada Puerta del Camino y Puerta de Carlos V, única entrada original que se conserva y que da acceso una amplia área peatonal que ocupa el núcleo histórico de la ciudad. Calles como la animada y central Calle de Portales, y en sus alrededores algunas calles de vinos como la Calle de Laurel en las cercanías de la Plaza de San Agustín, sede del obispado. 

Al paso la fachada del antiguo convento de La Merced, más tarde fábrica de tabacos y hoy sede del Parlamento de La Rioja y en la Rúa Vieja la histórica Iglesia de Santiago el Real, del siglo XVI sobre un templo medieval, pertenece al estilo denominado Reyes Católicos. En el siglo XVII adquiere su actual aspecto, con la incorporación de una fachada barroca rematada con una enorme figura de Santiago a caballo sobre el frontis.

De mi anterior paso por Logroño, en el mes de julio de 1987, un viaje que me llevó al País Vasco y a Cantabria, sólo recordaba su imagen desde el Ebro y las torres gemelas de su catedral, imagen que he querido recuperar de aquel día, ya que en la actualidad se encuentran en obras de restauración.  22 años más jóvenes tanto la catedral como mi piel. La Concatedral de Santa María de la Redonda, construida sobre un primitivo templo del siglo XII, adquirió el rango de Colegiata en 1453. Ha sufrido numerosas reformas y ampliaciones a lo largo de la historia, siendo la última la incorporación de sus conocidas torres gemelas, en el siglo XVIII.