Desde los tiempos imperiales romanos todos los caminos conducen a Roma, pero lo más interesante una vez que se ha llegado a la ciudad eterna es perderse en ella, olvidarse de los caminos marcados y dejarse llevar por sus vivas esencias que van llenando los sentidos por las más diversas vías.
Si Stendhal se diagnosticó su reconocido síndrome ante la sobredosis de bellezas artísticas de la ciudad de Florencia, sin duda la belleza de Roma podría haber sido igualmente causante de esas mismas sensaciones, seguramente muchos de sus visitantes entre los que me incluyo pueden sentir o haber sentido esa situación de borrachera inmensa tras la contemplación de tantas maravillas romanas.
El mayor placer personal en la visita a Roma es -más allá de su inabarcable patrimonio artístico- callejear sin rumbo por sus viejas calles contemplando la vida pasar, los edificios y millones de detalles que no acabas nunca de contemplar y esos colores que tan bien la definen como ciudad, con su paleta única de ocres y tonos tierra, y con los reflejos de la luz en sus fachadas cambiantes en cada momento del día.
Pasear por Roma es querer volver a recorrerla una vez más para seguir descubriéndola, así fue en mi tercera visita a la ciudad. La primera vez anduve por sus calles durante una semana en un primer acercamiento en los ya lejanos años 90, volví en la navidad de 2004 para seguir empapándome de sus encantos y finalmente en esta tercera visita cinco años después me ha vuelto a parecer una ciudad deliciosa aunque tal vez vista con otros ojos y bajo un sol de muy avanzada primavera que siempre hace más dificultoso el descansado paseo, quizá la mejor época del año para visitar Roma sea la primavera de abril y mayo (si fuera posible).
Aunque una buena parte de los hoteles se encuentran en los barrios más próximos a la ferroviaria estación de Termini, una buena idea es alojarse en los alrededores del área de Via del Corso o de la bella Piazza Navona para disfrutar su centro en la noche, en cualquier caso el centro histórico de la ciudad es bastante asequible a pie, o utilizando su potente flota de autobuses y taxis que conectan cualquier punto que nos pueda interesar conocer.
L'ultimo bacio (El último beso) es la canción que abre esta muestra de canción de autor italiana con la que acompaño mi experiencia romana, la autora e intérprete del tema es Carmen Consoli, una joven cantautora nacida en Catania en 1974 que se fue a vivir a Roma a los 15 años, su primer disco se edita en 1996, año en el que también participa en el Festival de Sanremo.
Consoli tiene un estilo de canción de autor que tal vez se acerca más al sonido rock, ha cantado en algunos escenarios españoles, por lo que es de las más conocidas cantautoras entre las nuevas generaciones, aunque no al nivel de los artistas más pop que sí tienen una difusión en los medios españoles, en los últimos años Eros Ramazzotti, Laura Pausini, Nek, Tiziano Ferro y poco más, si hablamos de canción de autor suenan Paolo Conte o Lucio Dalla, pero para conocer más hay que interesarse por el tema acercándose personalmente y buscar a los autores que no suenan en radios y televisiones, por suerte hoy internet hace la búsqueda mucho más fácil, es reconfortante ir descubriendo tesoros musicales por la red.
La canción L'ultimo bacio de Carmen Consoli formó parte de la banda sonora de la película del mismo título del director romano Gabriele Muccino en 2001 y fue incluida por Carmen Consoli en su CD Stato di necessità en el año 2000. Consoli ha grabado hasta el momento 6 discos de estudio y dos en directo, una voz muy sugerente que ha colaborado como autora o intérprete con artistas como Franco Battiato, Ornella Vanoni, Lucio Dalla o Angélique Kidjo, entre otros muchos, una interesante trayectoria para ir siguiendo en lo sucesivo.







Nines
1 jul 2009 | 09:38 PM
Ya tengo más ganas de conocer la ciudad, y no tenía pocas. Preciosa la canción no la conocía.
Un abrazo
Carles
2 jul 2009 | 04:18 PM
que bien haberte descubierto la canción, y tienes que ver Roma, por aquí voy dando algunas pistas. Otro abrazo.