No fue un personaje ilustre y reconocido, no escribió libros, no fue artista, no inventó nada, nunca apareció en la prensa, Rosa Mercadé Trillas sencillamente fue mi abuela materna, quisiera rendir hoy un homenaje a su memoria en el centenario de su nacimiento.

Agustín y Elvira, naturales de La Pobla de Montornès (Tarragona) emigraron a la ciudad de Barcelona donde se casaron en 1900, su hija Rosa nació el 22 de octubre de 1909 en el popular barrio barcelonés del Poblenou, en una casa hoy desaparecida en el cruce de las calles de Marià Aguiló y de Joncar, en el núcleo histórico del barrio que fue llamado por su floreciente industria la Manchester catalana, Rosa trabajó en el sector textil, era la industria de más relevancia en esos momentos en el Poblenou y fue el principal apoyo económico del hogar.

Rosa vivió con sus padres y su hermana en la calle de la Llacuna hasta que se casó a los 30 años con Josep, fue madre de dos hijas y de un niño que murió al nacer, se quedó sorda pocos años después.

La recuerdo leyendo novelas y jugando al solitario sobre la mesa del comedor, cosiendo sentada en una silla en el soleado terrado de la casa baja, leyendo las palabras del movimiento de mis labios, recuerdo sus lágrimas y también sus risas, su fino humor y su amor de abuela.

La perdí cuando yo tenía once años en el verano de 1978, mis recuerdos de ella son pocos y difusos, guardo algunas de sus fotografías, dicen que de entre mis ancestros es de quien heredé el carácter y cierto parecido físico. En su centenario vaya este recuerdo para Rosa que nunca pudo imaginar que un día viajaría por el mundo a través de este invento de internet que no llegó a conocer en vida, que nunca pensó que su nombre y su imagen llegarían mucho más allá de donde alguna vez viajó, que sería conocida allí donde nunca soñó, vaya este recuerdo en su dulce memoria.  Vivimos mientras seguimos vivos en el recuerdo de alguien que alguna vez quisimos.