Seguimos con la segunda parte de esta travesía fluvial por el río Guadalquivir a bordo del Real Fernando. Como se puede apreciar en las fotos que comparto aquí y en el anterior artículo el paisaje del bajo Guadalquivir desprende un aire de armonía, se trata de un entorno humanizado que guarda gran equilibrio con el medio natural, quizá el paisaje no es tan espectacular como otros pero es sencillamente delicioso, es todo un placer su contemplación serena.
Aunque pudiera parecer lo contrario, por la ausencia de gente en mis fotos del barco Real Fernando no iba sólo en la travesía, no lo alquilé para mi paseo en exclusiva, estas instantáneas son una muestra más de esas fotos en las que capto sólo el escenario callado en un instante de soledad, observaciones de la belleza del entorno en ausencia de humanidad, intentando evitar que alguien se cuele en la imagen que intento retratar y compartir con todos, humanidad al fin y al cabo.
Como es natural la fauna salvaje huye también de la humanidad y bien que hace, motivo por el que en el parque de Doñana sólo pude divisar un gamo, un jabalí y un par de vacas marismeñas, además de un puñado de aves acuáticas y rapaces a distancia y también en vuelo bajo. A la hora de comer, todo tipo de oferta gastronómica, bares y restaurantes, a pie de playa en Bajo de Guía, otro placer natural e indispensable para el visitante.
Quisiera recordar hoy un texto poético que le dediqué a este mismo río Guadalquivir unos kilómetros más arriba, a su paso por la ciudad de Sevilla: Guadalquivir




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