Recital flamenco de Miguel Poveda en Zaragoza
Sala Mozart - Auditorio de Zaragoza. 13 de febrero de 2010.

Voz: Miguel Poveda
Guitarra: Juan Gómez Chicuelo
Palmas: Carlos Grilo y Luis Cantarote
Percusiones: Isra Katumba.
  

Repertorio:

Martinete y pregón
Malagueña y abandolaos
Cantiñas
Soleá apolá de Charamusco
Cartagenera y taranto
Coplas del querer
Tangos
A ciegas
Bulerías
Alfileres de colores

La espectacular Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza se llenó de un público expectante por presenciar la presentación de Miguel Poveda en el ciclo Flamenco en Zaragoza 2010, en su retorno a lo grande a la capital aragonesa en este momento intenso de plenitud artística tal como constatan crítica y público en los últimos tiempos. 

El recital flamenco de Miguel Poveda coincidía en fecha con el 37 aniversario de nuestro cantaor, coincidencia que anunciaba celebración, por ese motivo el público le felicitó a coro al inicio del mismo, pero sin embargo las circunstancias hicieron que sin quererlo la noche acabara convirtiéndose en un sentido homenaje a la figura del cantaor Fernando Terremoto, a quien Miguel Poveda y sus músicos dedicaron por entero su cante.

 La vida a veces, para esta crónica he tomado prestado este inicio del poema de Jaime Gil de Biedma T´introduire dans mon histoire y no al azar,  diría en esta ocasión que La vida a veces nos da las peores cartas, nos da la peor jugada, la irreparable pérdida del cantaor flamenco Fernando Terremoto dejó el aire roto dando un vuelco inesperado y terrible al ánimo festivo previo al concierto. 

El mundo flamenco y Jerez lloran el prematuro adiós a los 40 años de Fernando Terremoto, quien precisamente hubiera cerrado esta edición del ciclo Flamenco en Zaragoza junto a Rancapino el próximo 9 de abril, lamentablemente se apagó para siempre su voz, descanse en paz. Miguel Poveda y sus músicos conocían la fatal noticia de la pérdida de su compañero y buen amigo apenas cuatro horas antes de su concierto en Zaragoza, como es natural se hace muy difícil cantar así, pero el público esperaba en el Auditorio y había que cantar, sacarlo adelante con más coraje y valentía si cabe, sin embargo su ánimo les pedía estar en Jerez como así fue finalmente pocas horas después. 

Con la tristeza reflejada en el semblante Miguel Poveda abrió el concierto con la emoción profunda que desprende a palo seco su voz en el martinete y pregón, uvas amargas en esta noche, una llamada al eco de la derrota en medio del silencio, después ya con los demás músicos y desde la fragua ardiente del cante llegaron malagueña y abandolaos, a continuación dando calor y sal las cantiñas gaditanas llegaron vestidas de consuelo para darle esquinazo a la tristeza, y a los caprichos de la vida y la muerte que a su antojo cambian el guión y los ánimos, a veces nos hacen grandes, nos dan alegría y al rato nos hacen polvo, un roto del dolor por el que va y asoma con rabia la soleá más jonda y sentida en la voz de Poveda, la mairenera de Charamusco, salpicando de dolor el aire de tanto y tan inmenso sentimiento guardado dentro.

Poveda nos trae y nos lleva por donde quiere, a merced de su espíritu más flamenco, ya sea desde los levantes ambientados de aroma a cartagenera y a taranto o desde la radio de su madre sazonada con las coplas por las que tanto está haciendo su voz y su estilo únicos, dándole al género su aliento fresco compartiendo una vez más en esta noche sus aclamadas Coplas del querer, nos regaló con su salpicón de coplas de grandes maestros copleros y en honor al gran Rafael de León, poeta.

Y que se sepa que bien le sientan los tangos a Miguel, al cantarlos deja tras de sí una estela de plata y una mar bañada en sabor flamenco, deliciosos minutos que deja Poveda sembrados de luz en la fría noche, y tras los tangos sin compasión nos deslumbra dejándonos completamente A ciegas que es así como le quiere el aire que mece hermoso cante por cante, ya sea por coplerías como a él le gusta llamarlas y siempre, siempre por bulerías, con ellas se vuelve con el alma hecha girones a Jerez, por derecho y con gusto, tierra flamenca, grande, que borrachera de las de antes, que lo escuche el cielo dormido, por Fernando amigo, compañero, por su ser flamenco, por su cante herido. 

Se va cerrando la noche, como siempre con el Grilo y Lua acompasando el aire a las palmas, y en esta ocasión Katumba se acopla al grupo en las percusiones, no hay quien los calle, la guitarra en el toque de Chicuelo no puede tener más arte, acariciando en cada nota a esa voz flamenca y Miguel Poveda mientras tanto se va con su pena, con su pataíta va dejando dibujados Alfileres de colores bordando de purísima y oro el aire gélido y la vida esquiva. 

La vida que viene y se va, y nos gobierna a cada paso a su manera, la vida que a veces nos deja tristes, a traición a veces es breve y apaga voces y corazones, la vida que nos va dejando ausencias, pero muy a pesar de todo y del dolor flamenco y en caliente, a pesar de los pesares en Zaragoza esa noche la vida también fue arte, como siempre el de Miguel Poveda en su cante.