Tras un primer paseo por Nantes, todo lo que permite una circunstancial visita de paso en un solo día, uno entiende que está transitando por una ciudad que merece la pena conocer más a fondo, que precisa de una segunda visita para profundizar sobre el territorio. Nantes es una ciudad a la que tarde o temprano hay que volver para seguir reconociendo sus encantos que no son pocos, esa fue mi impresión en mi corta estancia.
La histórica capital del Ducado de Bretaña allá por el siglo XV, época de la que se conserva el gran castillo ducal, es hoy una gran ciudad de servicios y de comercio, muy acogedora, cosmopolita y agradable al visitante, nada mejor que un día soleado por sus calles para comprobarlo personalmente.
Nantes es capital del Departamento de los Países del Loira y del Departamento de Loira Atlántico, situada a 50 kilómetros del océano Atlántico y atravesada por el curso de varios ríos, el Loira y el Erdre marcan especialmente la geografía y el desarrollo urbanístico de la ciudad.
El río Loira en su brazo de la Madeleine a su paso por Nantes y cuatro imágenes del Castillo de los Duques de Bretaña.



Muy cerca del colosal castillo ducal, encontramos la Catedral (Cathédrale Saint-Pierre-et-Saint-Paul) en estilo gótico con fachada principal a la Place St-Pierre y la contigua Puerta St-Pierre que comunica con la Plaza Mariscal Foch en la que se encuentra la Columna de Luis XVI y de la que parte el paseo Cours St-Pierre.
Si nos dejamos perder por el barrio de Bouffay iremos encontrando calles con mucho encanto, lugares emblemáticos como la Place Royale con su fuente simbólica de Nantes, la Iglesia de St-Croix con su espectacular campanario protegido por ángeles trompetistas, la Basílica de St-Nicolas, la calle de la Fosse en la que encontraremos las galerías del Pasaje Pommeraye a las que dedicaremos un artículo especial. También en el área central se encuentran la Plaza Graslin con el gran teatro y la Plaza Commerce con la antigua Bolsa.
Otros lugares de interés son los muelles del Erdre con la Isla Versailles y su jardín japonés (el río Erdre tiene más encanto que el Loira a su paso por la ciudad), la singular Torre Lu (Lieu Unique) en la antigua fábrica de galletas Lu, con su torre mirador y sus espacios cultural y gastronómico junto al Canal de St-Felix, la singular manzana de casas Île Feydeau construida sobre terrenos arenosos con sus fachadas inclinadas. Los museos de Nantes como el imprescindible de Bellas Artes o el dedicado a Julio Verne, escritor muy vinculado a la ciudad, una visita al Jardín Botánico (Jardin des Plantes) o a sus diversos parques, o los espectaculares animales mecánicos de las Máquinas de la Isla de Nantes, muchas razones por las que visitar Nantes y querer volver.
Y una curiosidad final, una calle que buscan en la ciudad especialmente los aficionados a la chanson, la rue de la Grange au Loup que era el escenario de la historia que contaba la canción "Nantes" que cantaba la inolvidable Barbara, la calle no existía en realidad en el callejero de Nantes y tuvieron que dedicarle una en un barrio de la ciudad y en su homenaje que inauguró la propia artista en 1986.
La histórica Île Feydeau y debajo el Gran Teatro Graslin.

La Torre Lu (Lieu Unique)

La Porte St-Pierre y a continuación el río Erdre a su paso por Nantes.

La céntrica Place Royale y un rincón de la misma, a continuación el paseo Cours St-Pierre.


La Catedral de San Pedro y San Pablo, fachada principal y lateral.

La Basílica de St-Nicolas y a continuación el campanario coronado por ángeles trompetistas de la Iglesia de St-Croix.


De la Nantes histórica a la contemporánea, homenaje a la Duquesa Ana de Bretaña junto a su castillo y un edificio gubernamental del Conseil Général de Loire-Atlantique construido en 2010 en la rue de Sully que me llamó la atención, obra del arquitecto Jean-Baptiste Daviais.





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