Unas sábanas tendidas en el balcón esperan inquietas mientras llega la tormenta, un árbol encerrado en su patio muestra sus ramas altivo al sol y a este curioso visitante, una destartalada persiana ya no esconde aquellas viejas miradas aburridas, un picaporte se lamenta esperando que llamen a su puerta, lo desea. Una escoba languidece en su rincón al sol sin nada que barrer, un niño duerme plácidamente ajeno a todo, un antiguo lavadero ya no es lugar de tertulia de vecinas pero sigue conservando agua y luz, una agrietada fachada pide a gritos unas manos de azulete que laven su cara. Un badajo y su campana ya no se hablan más, unas flores reviven con el agua de la tormenta que ya llegó y pasó con prisa, una virgen aguarda en la iglesia a ser paseada en devota procesión, un visitante pasea sus calles y se pregunta si algún día lo volverá a hacer. Unos lugareños hablan en catalán en un café de Valderrobres, sí, en Vall-de-roures, mientras unos politicuchos mediocres se empeñan y pretenden pregonar desde su cerrado despacho que lo que hablan es aragonés oriental (o meridional), pobres torpes, necios, incultos... que le bauticen como quieran que el pueblo hablará lo que le dé la gana, mal que les pese a algunos...