La Mola (La Muela) es el monte que da abrigo a Mont-roig de Tastavins (Monroyo), en cuyas laderas de arcilla roja se arremolina Mont-roig (monte rojo), con una altura máxima de 910 metros de altura, formado por un estrato superior de conglomerado pudinga popularmente llamada "roca de fava" y por un estrato inferior de arcilla a salvo de la erosión por la roca de la superficie. De fondo, el horizonte marcado por la cordillera de los Puertos de Beceite que es el nexo entre el Sistema Ibérico y la Cordillera Costero-Catalana, podemos ver cimas como el Tossal de l'Encanader (1.393 metros) o L'Hereu (1.321 metros).
La tradición cuenta que en el viejo alcázar que se ubicaba en La Mola, hoy quedan pocos restos, descansó el Cid de sus fatigas guerreras camino de Morella, también anduvieron por allí el Rey Sancho Ramírez, Alfonso III, el Príncipe de Viana y el Rey Jaume I, quien reforzó las defensas del castillo de Mont-roig. Pero sin embargo y definitivamente, después de todo me quedo con el paisaje limpio, la naturaleza, los vientos y la tranquilidad que se respira desde lo alto de La Mola, también con el conjunto de los tejados ocre del pueblo visto desde las alturas, los pueblos con atalaya son para mí especiales, los prefiero a los pueblos llanos sin más.
Un gozo escuchar los sonidos que se elevan hasta el monte del pueblo en su conjunto, ya habíamos en cercanías en un artículo anterior, estamos en Mont-roig de Tastavins - Monroyo. Y esa torre del reloj simple y bella protagonista de la llanura de su cima que sin querer me trajo recuerdos de infancia y de aquel programa televisivo que se llamaba La Casa del Reloj, caprichos de la memoria de un niño de los años 70 del siglo XX.




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