Hay lugares en los que a uno le parece estar más cerca del cielo, así lo siento en los cielos de La Freixneda (La Fresneda), los azules y los grises parecen acercarse un poco más al infinito y a uno mismo en sus colores, las nubes tienen una apariencia más espiritual y cercana, tal vez sea la influencia simbólica de sus viejos cipreses que marcan el camino hacia los restos de Santa Bárbara, ermita muy cercana al más allá, entre la tierra, el sol y la luna.
Algo hace sentirse como acariciado por todos lo vientos intuyendo a ciencia cierta que la tormenta se acerca, el sol va resecando el rostro y los labios, los ojos se hacen cómplices de todos los horizontes próximos, los vientos también hieren y nos lastiman la piel y algunos días.
Cada piedra es historia y el instante un momento para el recuerdo en la calma reinante sobre los tejados de La Freixneda, desde la ermita, desde lo alto del castillo escuchamos todas las músicas de la vida cotidiana, nos llega la fragancia intensa del romero, el tomillo y otras hierbas, nos sentimos felices y vivos en medio de esta sencilla estampa. Viva El Matarranya, Viva La Freixneda.




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